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Martes, 14 de Agosto 2018

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El cine no es un lugar equivocado

Javier, Marco y Daniel fueron asesinados cruelmente por estar “sin saberlo” en “un lugar de grave riesgo” mientras realizaban una tarea: Fiscalía

Por: Carlos Armenta

El cine ya había visto una tragedia en la década de los setenta cuando Pasolini fue asesinado presuntamente por la crítica que realiza en un film. EL INFORMADOR/ ARCHIVO

El cine ya había visto una tragedia en la década de los setenta cuando Pasolini fue asesinado presuntamente por la crítica que realiza en un film. EL INFORMADOR/ ARCHIVO

El 23 de abril, el fiscal Raúl Sánchez informó -no de manera concluyente- lo ocurrido a los tres estudiantes de cine desaparecidos: los jóvenes fueron asesinados cruelmente por estar “sin saberlo” en “un lugar de grave riesgo” mientras realizaban una tarea. Sus cuerpos fueron disueltos en ácido. ¿Qué hay ahora en lugar de las imágenes que Javier, Marco y Daniel filmaban? Un video en el que la Fiscalía ofrece los resultados de la investigación. El poder del discurso audiovisual es uno de los más contundentes y las instituciones gubernamentales lo saben.

El video arranca con el logotipo de la Fiscalía General del Estado desplegándose en toda la pantalla, una voz en off masculina con un tono modulado a la perfección relata todos los hechos supuestamente acontecidos. De fondo, una música apenas perceptible le da carácter de intriga; la verdad oficial requiere de diseño y banda sonora. La imagen se construye a través de grandes planos cenitales de los lugares mencionados; es decir, la mirada omnisciente por excelencia de la narración audiovisual; nada escapa a las autoridades. Hay material de apoyo: fotografías de las fachadas de los domicilios mencionados, rostros de los delincuentes, diagramas, animaciones, numeralias. El esclarecimiento del crimen conoce perfecto los códigos de su género. Así se construye el discurso oficial.

Colocar una cámara, realizar un encuadre, darle forma fílmica a la imagen capturada y mostrarla ante la mirada de los espectadores es un acto político. Ficción, documental, streaming, pantallas gigantescas, películas para televisión, melodrama, comedia, terror, animación, largo, corto; toda la diversidad del universo fílmico hace cimbrar las más firmes convicciones, o bien, refuerza los más absurdos prejuicios. Lo dicho: el discurso audiovisual es contundente, desde su invención hasta nuestros días, continúa siendo una herramienta indispensable para dar cuenta de todo tipo de fenómenos; basta recordar, casi al azar, algunos momentos de la historia en el que la imagen fílmica ha jugado un papel importante: el filme de ficción “La sombra del caudillo” de Julio Bracho quedó enlatado durante treinta años por órdenes de Gustavo Díaz Ordaz, Secretario de Gobernación en ese momento.

La película ponía en duda los ideales de la Revolución y criticaba al ejército. Fue hasta 1990 que pudo ser exhibida al público general. Otro ejemplo: las imágenes documentales filmadas en 1945 de los campos de concentración nazis que fueron usadas como prueba para el juicio de guerra contra el bando perdedor. Un último ejemplo: el espantoso y atroz asesinato de Pasolini en la década de los setenta -fue atropellado varias veces por un automóvil, golpeado brutalmente y parcialmente quemado-, todavía no resuelto por las autoridades. Una línea de investigación afirma que el móvil que motivó a los asesinos proviene de la crítica que el director italiano hace del fascismo en su película “Saló o los 120 días de Sodoma”.

¿Qué significa estar en lugar equivocado mientras se sostiene una cámara? ¿Cómo es posible acabar como víctima de la violencia más cruenta mientras se intenta hacer cine? La cámara debe seguir en pie, como testigo de las atrocidades y de la época que se vive. A través de ella es que puede resurgir la voz y la memoria de todas las otras víctimas de esta nación podrida.

Resulta indispensable no dejar vacío el espacio fílmico, no permitir que su lugar sea tomado por el terror y el miedo; que el cine no se vuelve el lugar equivocado, como ya lo es cada rincón de la geografía mexicana; por Javier, por Marco, por Daniel y por cada una de las víctimas de la violencia, que no se apague la imagen.

DR

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