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Miércoles, 18 de Julio 2018

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Del amor a la discordia

Por: Guillermo Dellamary

Del amor a la discordia

Del amor a la discordia

Sabemos que para llegar al matrimonio se necesitaron de muchos previos acuerdos, de amplios diálogos que concluyeron en decisiones en favor de la cercanía y la unidad.

Sin embargo, en aquellos momentos de glorioso romanticismo, el noviazgo aun no era capaz de visualizar el arduo camino de la discordia.

De las semejanzas encontradas durante el noviazgo, es indiscutible que en algún momento surgirían las diferencias, que en vez de llegar a coincidir, en algún momento llegarían al desacuerdo.

Ya hemos visto que el Magisterio de la Iglesia,  previene a las parejas que existirán 5 tremendas sacudidas. Y de entro de ellas, la de empezar a discutir las diferencias y encontrar que finalmente se piensa muy distinto.

La palabra discordia tiene diversas implicaciones, entre ellas el de alimentar la rivalidad y provocar frecuentes enfrentamientos. En donde las opiniones y los puntos de vista resultan completamente opuestos, lo cual provoca multitud de emociones negativas, entre ellas el enojo, la intolerancia, la desesperación y las ofensas.

El desacuerdo puede llegar al extremo de provocar enemistad y ver al entonces amor de tu vida, como a alguien desconocido y sin ganas de convivir.

La concordia manifiesta estados de animo positivos de cercanía, de armonía, de placer y gusto por compartir todo tipo de experiencias. Se vive con dicha y alegría.

En cambio la discordia -su opuesto- genera una sensación de ruptura, desagrado, ganas de pelear y de ampliar las discusiones hasta extremos de fatiga y alteración de todo tipo de sentimientos y emociones, que acaban por inducir no querer ver a esa persona y sentir graves dificultades de comunicación. Especialmente ver muy lejano el llegar a un acuerdo. Exactamente lo opuesto a lo que llegó a suceder cuando eran novios.

El Catecismo lo previene, no es algo que una pareja pueda eludir, tarde que temprano surgirá, por lo que hay que estar preparados para vivir el azote de la discordia y saber que efectivamente el amor es indispensable para no enfrascarse en pleitos y discusiones inútiles. Que es el momento de aprender a ceder y a encontrar el término medio, a no dejar que el orgullo y el egoísmo se apoderen de la capacidad de dialogar y entender las diferencias inevitables. Hasta poder llegar a un retorno a la feliz armonía que requiere una pareja para vivir en santa paz.

DR

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