Martes, 09 de Marzo 2021

¿Por qué un violador puede ser gobernador?

Acosar y violar son delitos y los partidos políticos deben comprometerse a no proteger a candidatos violentos

Por: Enrique Toussaint

MANIFESTACIÓN. Mujeres piden a López Obrador “romper el pacto” con Félix Salgado Macedonio tras acusaciones de violación. EFE

MANIFESTACIÓN. Mujeres piden a López Obrador “romper el pacto” con Félix Salgado Macedonio tras acusaciones de violación. EFE

“Me gustaría que se levanten encuestas. El pueblo de Guerrero es mayor de edad y sabrá decidir. Tienen derecho a inconformarse, pero los otros también tienen derecho y que se decida por métodos democráticos. Ya chole”, así defendió López Obrador a Félix Salgado Macedonio, el impresentable candidato de Morena a la gubernatura de Guerrero. Hay una traducción: para López Obrador los votos blanquean delitos. Los votos absuelven a violadores. La defensa que hizo el Presidente de su candidato es la enésima confirmación: le importa muy poco llevar a impresentables como candidatos en su proyecto político.

El Presidente se equivoca: las urnas no exoneran a nadie. No sólo en Guerrero, son innumerables los casos de políticos corruptos o delincuentes que han ganado elecciones. Y no tiene que ver con la mayoría o minoría de edad de la ciudadanía, sino de la fuerza de las identidades partidistas. En este momento, en el auge del obradorismo a nivel nacional -particularmente en el Sur del país-, López Obrador puede poner al “mocha orejas” de candidato y tiene posibilidades de ganar. El voto no es un escrutinio jurídico o moral sobre un personaje, sino simplemente una elección acotada de un político para hacerse cargo de una administración. La irresponsabilidad de los partidos, su inmoralidad manifiesta y expresa, no es culpa de la democracia y menos de la ciudadanía.

Y no sólo es un problema de López Obrador. Y tampoco sólo de Morena, Félix Salgado Macedonio es un impresentable que, si tuviera mínima dignidad, enfrentaría sus denuncias de acoso sexual y luego, tras haber resultado inocente, se postularía de candidato. No obstante, pedirle congruencia a Salgado Macedonio es perder el tiempo. Hace año y medio, el alcalde de Zapotlanejo, Héctor Álvarez, golpeó a una mujer y, a pesar de ello, se mantiene en su cargo. No hay mucho que interpretar en este caso, los videos son clarísimos. Álvarez atendió a unos cursos en la Secretaría de Igualdad y purificó su error. Yo entiendo que haya partidos que no compartan la agenda de igualdad entre hombres y mujeres, e incluso de erradicación de la violencia de género, pero sí dices que estás comprometido con ella es inexplicable que no le pidas la renuncia al presidente municipal o a cualquier otro cargo electo o candidato.

Otra cosa fue la reacción ante los casos de acoso que acecharon a Sergio Quezada, alcalde de Tototlán. Movimiento Ciudadano tardó en reaccionar, pero cuando lo hizo desconoció a Quezada y está cerca de ser inhabilitado por el Poder Legislativo. ¿Qué nos deja todo este debate? La voluntad política es clave para castigar y sancionar actos de violencia de género. Sólo cuando hay posible castigo en las urnas los políticos entienden que deben actuar. Tienen que ver amenazado su poder institucional para que tomen la decisión de separar a un acosador, violento o violador.

¿Por qué AMLO defiende la presunción de inocencia de Salgado Macedonio y dice que la indignación por su candidatura es fruto de un complot mediático? ¿Por qué prefiere tragarse palabras que seguramente lo perseguirán toda su vida antes de condenar a un misógino y violador?

López Obrador es el político más demoscópico que hay en el país. No es casualidad que su gran defensa frente a los ataques y críticas de la prensa siempre haya sido mostrar la aprobación a su mandato que publican los principales diarios de su país. López Obrador parece un moralista. Habla como moralista. Predica y pontifica como tal. Sin embargo, en el fondo es un político extremadamente pragmático. Su defensa de Salgado Macedonio tiene que ver con dos elementos torales: la deuda con el pasado -todo lo que el precandidato hizo para garantizar su victoria electoral- y que las encuestas le dan un triunfo holgado en Guerrero. La moral es un árbol que da moras, López Obrador engullendo a Gonzalo N. Santos.

Sin embargo, socialmente hay un problema que nos debemos cuestionar firmemente: ¿por qué las conductas reprobables no son castigadas por los electores? ¿Por qué alguien como Salgado Macedonio puede presentarse como candidato y no perder ni un punto en las encuestas?

Hay teorías de todo. Héctor Aguilar Camín dijo que los guerrerenses votarían por Salgado Macedonio por ser bárbaros. “Salgado Macedonio representa lo peor de Guerrero”. Es una opinión políticamente incorrecta. Considero más un estereotipo y una discriminación creer que los guerrerenses son menos civilizados que los habitantes de estados con mayor desarrollo económico. No obstante, feministas de hueso colorado te platican cómo muchas activistas han tenido que dejar Guerrero por la violencia, la misoginia y el acoso. No compartir generalizaciones como las de Aguilar Camín no significa negar que haya un grave problema de discriminación a la mujer en Guerrero. Y que la violencia contra la mujer está plenamente normalizada. Como, por cierto, ocurre en buena parte del país. Aunque algunos estados han avanzado muy poco en las últimas décadas y Guerrero es uno de ellos.

Otra es: la agenda de igualdad no es un elemento central o definitorio para un elector. Lamentable, pero cierto. Tenemos ciertas virtudes que consideramos positivas para votar por un candidato: eficaz, honesto, liderazgo. Sin embargo, nos da lo mismo si es una persona justa o igualitaria. Creemos que dichas virtudes son retoques, pero no esenciales. No nos gusta a un macho en la familia, pero no nos importa que lo sea en la vida pública. Incluso, creemos que es un síntoma de autoridad, convicción y determinación.

Los partidos políticos que hoy están en el poder deben tener mucho cuidado a la hora de menospreciar las acusaciones contra sus candidatos. Ya les pasó a otros partidos en el pasado: dejaron de escuchar las críticas y, más temprano que tarde, fueron expulsados de las principales instituciones políticas del país. Salgado Macedonio no significa lo peor de Guerrero, sino lo peor de una cultura machista enquistada y protegida por el poder político. Morena pierde, a gran velocidad, esa victoria moral que le dieron los mexicanos en 2018.

JL

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