En el Pueblo Mágico de Tequila, las barricas sirven para mucho más que almacenar la bebida que ha dado fama mundial a esta región de Jalisco. Algunas son tan grandes que en su interior caben una cama, muebles y las comodidades de una habitación de hotel. Entre los campos de agave y las instalaciones de una fábrica tequilera, los visitantes pueden pasar la noche dentro de estos enormes recipientes de madera, despertar rodeados por el paisaje y dedicar el día a conocer cómo se produce uno de los destilados más representativos de México.La propuesta forma parte de La Cofradía, un complejo turístico que reúne una fábrica de tequila, restaurantes, talleres artesanales, espacios de degustación y un hotel cuyo diseño recupera objetos, materiales e historias de la industria tequilera.Ubicado en la calle La Cofradía 1297, el complejo alberga Matices Hotel de Barricas, un alojamiento que ha convertido enormes barricas en habitaciones para sus huéspedes. Sus interiores incorporan camas, mobiliario y detalles decorativos relacionados con el universo del tequila, mientras que otras habitaciones temáticas han sido intervenidas por artistas mexicanos para contar historias vinculadas con la bebida y la región.La madera, los motivos artesanales y las referencias a la cultura local acompañan una estancia que puede prolongarse más allá de una noche. Desde el hotel, los visitantes tienen acceso a recorridos por las instalaciones de producción y actividades que permiten conocer el trabajo detrás de cada botella.La historia empresarial de La Cofradía comenzó en mayo de 1991, cuando Carlos Hernández Hernández, originario de Guadalajara, fundó la compañía. El nombre ya pertenecía al antiguo Rancho La Cofradía y fue conservado por su significado: unión, hermandad y trabajo colectivo. Con el paso de los años, la empresa amplió sus actividades hasta integrar espacios de hospedaje, gastronomía y producción artesanal.Uno de sus mayores atractivos es la posibilidad de recorrer la fábrica y observar las distintas etapas de elaboración del tequila. Los visitantes pueden conocer el proceso que comienza con la jima del agave y continúa con la transformación de sus azúcares, la fermentación y la destilación.La experiencia va más allá de observar a los trabajadores. El complejo ofrece actividades en las que los participantes aprenden a jimar, intervienen en algunas etapas de elaboración y diseñan su propia botella. También se organizan catas para reconocer los aromas y sabores de las distintas variedades del destilado.La Cofradía cuenta, además, con la fábrica de cerámica Arte en Fuego, donde el trabajo artesanal se relaciona con la elaboración de recipientes y objetos decorativos. A ello se suman una cava, un museo de sitio y tiendas boutique donde los visitantes pueden conocer otros productos de la región.La gastronomía ocupa un lugar importante dentro de la hacienda. Uno de sus restaurantes más llamativos es La Taberna del Cofrade, un establecimiento subterráneo situado a cuatro metros y medio de profundidad. Su decoración recupera la apariencia de las antiguas tabernas y evoca las historias de la producción clandestina de bebidas alcohólicas. El ambiente está inspirado en la tradición tequilera, con una carta que incorpora ingredientes como el agave, el mango y el propio tequila.Entre sus especialidades se encuentran la pechuga Mayahuel, el pescado en salsa de mango y los medallones de camarón con salsa de agave. La oferta de bebidas incluye cocteles elaborados con tequila, entre ellos margaritas de mango y distintas preparaciones de la casa.El complejo también cuenta con la Terraza Bar La Catrina, un restaurante cuya decoración recupera la iconografía mexicana del Día de Muertos. La figura de la Catrina, creada por José Guadalupe Posada y retomada posteriormente por Diego Rivera, sirve como referencia para un espacio dedicado a los desayunos y la convivencia.Los huéspedes pueden comenzar allí la mañana antes de recorrer las instalaciones de la fábrica o salir a conocer los alrededores de Tequila.La estancia en La Cofradía también permite explorar el paisaje agavero, reconocido por la UNESCO como Patrimonio Mundial desde 2006. Las hileras de plantas azuladas se extienden sobre las laderas y los campos de cultivo, entre caminos rurales y montañas que forman parte de la geografía del municipio.El complejo organiza actividades al aire libre, como cabalgatas, paseos en bicicleta, senderismo y recorridos de aventura. Estas opciones permiten acercarse a los campos donde crece el agave y conocer el entorno natural que sostiene una industria profundamente vinculada con la historia de Jalisco.Otra posibilidad es visitar el centro histórico de Tequila, recorrer sus calles empedradas, conocer sus antiguas construcciones y detenerse en los establecimientos donde se venden artesanías y productos gastronómicos de la región.La Cofradía ofrece servicios de transporte y guía para quienes desean organizar recorridos durante su estancia. Las actividades pueden contratarse según la disponibilidad y los intereses de cada visitante.Al terminar el día, los huéspedes pueden regresar al hotel después de haber recorrido los campos, conocido el proceso de destilación o compartido una comida en la taberna subterránea.Dormir dentro de una barrica gigantesca completa una jornada dedicada a la bebida que ha dado nombre al pueblo. En La Cofradía, el tequila está presente en la arquitectura, los talleres, los restaurantes y los caminos que atraviesan los campos de agave, ofreciendo a los viajeros una oportunidad para conocer la región a través de sus oficios y tradiciones.DESCUBRE MÁS