Viernes, 22 de Octubre 2021

Neli Vázquez brinda refugio seguro y oportunidades a miles en Chicago

La mexicoamericana, autora del bestseller "Healing", ayuda a quienes son adictos; con su organización, A Safe Haven, combate la falta de vivienda y la pobreza en EU

Por: El Informador

Neli Vázquez (de azul), fundadora de A Safe Haven, siempre está en la búsqueda de nuevas fuentes de financiamiento y ayudar a solucionar la falta de vivienda, la pobreza y la adicción al alcohol. ESPECIAL

Neli Vázquez (de azul), fundadora de A Safe Haven, siempre está en la búsqueda de nuevas fuentes de financiamiento y ayudar a solucionar la falta de vivienda, la pobreza y la adicción al alcohol. ESPECIAL

Los números fríos no mienten: en promedio, en Estados Unidos, hay más de 700 mil personas sin un hogar donde pasar la noche. De ese número, 300 mil aproximadamente son personas que deambulan en familia y 400 mil deambulan solos. El país más rico del planeta trata desde hace 60 años de abordar este problema. El gobierno federal, los 50 gobiernos estatales, los 3 mil condados y las 19 mil ciudades de todos los tamaños luchan por encontrar soluciones viables a este problema.

Sólo hay una organización reconocida a nivel nacional que ha encontrado una solución a tamaño problema. Está en Chicago y fue fundada hace casi 30 años por una mexicoamericana, orgullosa hija de sacrificados inmigrantes tapatíos. Su labor fue reconocida hasta por la Casa Blanca en varias oportunidades, incluyendo administraciones demócratas y republicanas. Ha recibido más de 50 premios nacionales e internacionales, pero su mayor orgullo es ver como “A Safe Haven” (que se interpreta en español como “Un Refugio Seguro” o se traduce literalmente como un “Un Paraíso Seguro”) es un proyecto que trasciende fronteras.

Neli Vázquez, su fundadora, es una mujer con una historia de vida increíble que inspira desde Chicago a miles de organizaciones sin fines de lucro dentro y fuera de Estados Unidos.

En lugar de centrarse en resolver el problema de los “sin techo” (homeless), su organización ha adoptado un enfoque holístico, que sólo en una primera etapa proporciona vivienda. Sin embargo, las viviendas de “A Safe Haven” son completamente diferentes a las unidades de viviendas populares que habitualmente financia el Gobierno y que están en los vecindarios más afectados por la pobreza. Los apartamentos de “A Safe Haven” están distribuidos en vecindarios amigables de la ciudad. Algunas personas incluso reciben vivienda en un complejo de gran altura en el centro de Chicago, donde está el metro cuadrado más caro del país.

Si a esas viviendas les sumamos los servicios de rehabilitación, educación e inserción laboral de adictos a las drogas, “A Safe Haven” presume de un retorno de inversión mucho mayor de lo que las cifras oficiales pueden demostrar. Es un proyecto que logra la autosuficiencia a través del empleo sostenible, dando como resultado más dólares de impuestos para Chicago, menos personas que dependen de la ayuda gubernamental, vecindarios más seguros y un mayor desarrollo económico.

Los costos de la falta de vivienda son cada vez más altos para una sociedad: pasan desde la necesidad de atender a miles de personas en salas de emergencias hasta el encarcelamiento de muchos de ellos, incluyendo los costos intangibles como el deterioro del sistema de salud mental, el colapso de muchas familias y el lento declive de comunidades enteras.

Estados Unidos en general, Illinois y Chicago en particular, han invertido mucho dinero en este problema, con pocos resultados tangibles. Cuando Neli y su esposo contemplaban lo que se podía hacer, no sólo buscaban fundar una organización benéfica que recibiera dinero sino que ofreciera soluciones duraderas a este problema.

De raíces tapatías. Carlos Vázquez Contreras y Lucila Pinto Espinoza, padres de Neli, en una foto de su boda en Ciudad Guzmán, Jalisco. ESPECIAL

El sacrificio vale la pena

Si hoy en Ciudad Guzmán, Jalisco, todos se conocen, imagine en 1940. Carlos Vázquez Contreras trabajaba en la empresa de recolección de basura del pueblo y Lucila Pinto Espinoza era profesora en la primaria del centro del pueblo. Nació rápido el amor y luego hubo boda. Pero el dinero no era suficiente para los sueños que tenían y, con gran sacrificio, don Carlos, su hermano y dos cuñados se fueron en 1955 de braceros a trabajar en la cosecha de naranjas en California.

Fueron años de trabajo de sol a sol, con jornadas de 15 horas para sacar dinero y enviarlo a México, donde se encontraban su esposa y dos hijos. Muchas veces don Carlos era lavaplatos para complementar sus ingresos en la pizca.

En 1958 los cuatro llegaron a Chicago con una oferta de una fábrica de acero que pagaba más que la recolección de naranjas. Un año después se metieron a la construcción y lograron aprender el oficio de carpinteros. En 1961 los cuatro terminaron de construir, con sus propias manos, una casa para cada uno de ellos. Era el momento de mandar traer a sus esposas e instalar a las familias en Chicago. Hasta esa época don Carlos viajaba algunos meses al año a ver su familia. Tuvieron un hijo durante esas visitas. Ya viviendo en Chicago nació Neli y otros tres hermanos.

Neli creció en La Villita, el barrio más mexicano. Ella se enfocó en ayudar económicamente a sus padres tan pronto como pudo, entregándoles la mayor parte de sus primeros cheques de pago, algo que había visto hacer a sus hermanos y hermanas mayores. Recuerda el día en que les entregó su primer cheque. Se sintió orgullosa, porque finalmente pudo contribuir a la casa. Y su padre lloró del orgullo.

Fue don Carlos quien la ayudó a encaminarse hacia el éxito, interviniendo cuando Neli estaba en una escuela secundaria, transfiriéndola a una secundaria vocacional en el centro de Chicago, donde aprendió a escribir 90 palabras por minuto y taquigrafía, habilidades que todavía aplica hoy en día en su trabajo ejecutivo. De hecho, Neli habría continuado en trabajos administrativos para mantener a la familia, si no hubiera intervenido la madre y homónima de su mejor amiga, Esther García.

Cuando Esther supo que Nelli no tenía planes de asistir a la Universidad, fue a hablar con sus padres y les dijo que era demasiado inteligente para que desperdiciara esa oportunidad y se encargó de ayudarla a solicitar su admisión a la Universidad de Loyola. Fue la primera generación de su familia en asistir a un nivel de educación terciara. Si no la hubieran ayudado, se habría convertido en otra estadística entre los miles de hijos de migrantes que no pueden acceder a estudios superiores y deben seguir trabajando para contribuir a la economía familiar.

En 1983, mientras Neli estaba en la Universidad, la noticia del cáncer de su papá devastó a la familia. Todos tenían trabajos de tiempo completo y su mamá no hablaba inglés y no entendía lo que decían los médicos. Neli era la única que podía dejar la Universidad un tiempo para quedarse en casa y ayudar a sus padres a enfrentar esa situación tan difícil. Estuvo ahí, hasta el último suspiro de don Carlos, en 1983. Fue su forma de corresponder al enorme sacrificio que siempre había hecho su padre por todos.

En la Universidad conoció a su actual esposo, Brian Rowland. Años después ambos tenían un empleo remunerado en el sector financiero cuando el jefe de su esposo sugirió que podría tener un problema con la bebida. Después de completar un programa de rehabilitación por abuso de sustancias, se dio cuenta de que quienes tenían menos recursos carecían de acceso a este tipo de ayuda.

Una apuesta a los que menos tienen

En 1992 la pareja compró y renovó una propiedad en el centro de Chicago, convirtiéndola en una vivienda asequible para personas que se recuperan de la adicción a las drogas y el alcohol. Tenían la intención de eventualmente vender la propiedad, pero eso nunca sucedió. Unos años más tarde, nació A Safe Haven Foundation.

Sentían que habían sido bendecidos y deberían compartir esa bendición con sus hijos, enseñándoles la importancia de ayudar a los demás. Dar oportunidades a quienes salían de la pobreza fue la mejor manera de honrar el sacrificio de su padre y de ella misma.

Su rehabilitación como adicta alimentó una fuerte creencia en Neli de que ninguna familia debería tener que sufrir una situación ya trágica y, en 1994, estableció “A Safe Haven” con su esposo. La organización, desde que fue fundada, está decidida a unir fuerzas con los sectores público y privado para garantizar un enfoque eficiente y sostenible para combatir la pobreza y la falta de vivienda.

Hoy Neli está decidida a discutir sus ideas para lograr un cambio con cualquier persona que comparta una responsabilidad social hacia esta agenda, desde miembros de juntas directivas y ejecutivos de alto nivel, funcionarios, emprendedores sociales e inversores institucionales, líderes académicos y religiosos. Quien esté en posición de ayudar a crear nuevas fuentes de financiamiento y ayudar a solucionar las causas fundamentales de la falta de vivienda, la pobreza y la adicción al alcohol, para impulsar un cambio de paradigma en la asistencia social, es bienvenido.

BESTSELLER

También contra las adicciones

HEALING (SANAR, por su interpretación en español) es una antología escrita en inglés por Neli Vázquez Rowland, bestseller de Amazon, que presenta las desgarradoras historias de quienes han atravesado el infierno de la adicción, el encarcelamiento, la violencia doméstica y la falta de un techo, para encontrar años después la autosuficiencia con ayuda proporcionada por la organización A Safe Haven. 

HEALING ofrece relatos desgarradores de antiguos residentes, que explican cómo tocaron fondo y cómo, cuando toda esperanza parecía perdida, A Safe Haven los ayudó a salir de las profundidades de la desesperación y les ofreció un salvavidas de esperanza. Estas son las historias con rostro humano que se transformaron en las principales motivaciones del trabajo de Neli.

El 100% de las ganancias de este libro se destinan a beneficiar a las personas sin hogar en A Safe Haven Foundation.

A SAFE HAVEN

Un modelo único, una líder única

Actualmente “A Safe Haven” sirve al área de Chicagoland con más de 39 ubicaciones y más de 200 empleados que ayudan en la transición de miles de personas cada año de regreso hacia una autosuficiencia sostenible en el tiempo. El modelo es innovador y único en su tipo y tiene sus raíces en estos casi 30 años de experiencia con resultados que han sido repetibles y escalables. Neli está convencida de que el modelo y equipo de gestión de “A Safe Haven” podría colocarse en cualquier otro lugar. Sólo se necesita convencer a una comunidad para triunfar.

Cuando Neli no está presente para dirigir la operación de “A Safe Haven” en Chicago, es porque está hablando en eventos públicos de beneficencia en Nueva York, Washington, Los Angeles, Houston o Miami. Su presencia es cada vez más requerida en foros empresariales, académicos y gubernamentales. 

Por su hazaña siempre participa en entrevistas con muchas estaciones de noticias de televisión locales y nacionales, así como también ha aparecido en artículos a nivel local, nacional e internacional en periódicos y revistadas que destacan su trabajo.

En su tiempo libre, a Neli le gusta correr y ha participado en varios triatlones y maratones. 

Vive con su esposo y cofundador de A Safe Haven, Brian Rowland, y es la orgullosa madre de sus dos hijos, Devin y Dylan.

Nelli viaja asiduamente a Ciudad Guzmán, Jalisco, a donde desde hace varios años regresó su mamá a retirarse.

Además de dar vivienda, Neli también lucha contra la pobreza alimentaria. ESPECIAL

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