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Domingo, 16 de Diciembre 2018

La fractura

Las elecciones intermedias confirman la profunda división social en Estados Unidos

Por: Enrique Toussaint

Alexandria Ocasio-Cortez. La activista y política estadounidense que será próximamente una miembro más del Congreso.

Alexandria Ocasio-Cortez. La activista y política estadounidense que será próximamente una miembro más del Congreso.

La elección intermedia en Estados Unidos nos dejó postales de un país más heterogéneo de lo que Trump querría. Dos musulmanas entran al Congreso: Rashida Tlaib, de origen palestino, e Illhan Omar de origen somalí que llegó a Estados Unidos como refugiada también estará en la Cámara baja. Una latina, la más joven que alcanza un escaño: Alexandria Ocasio-Cortez, de apenas 29 años y que obtuvo el 78% de los votos en un distrito neoyorquino con un discurso marcadamente anti-establishment. Dos estadounidenses de origen indígena: Sharice Davids y Deb Haaland. Davids es lesbiana, lo que la convierte en la primera miembro abiertamente LGBT del Congreso de Kansas. Y el primer gobernador abiertamente homosexual, el demócrata Jared Polis fue elegido en Colorado.

Todas estas postales contradicen el discurso de la América homogénea de Donald Trump. La narrativa nativista y xenófoba del inquilino del Despacho Oval ha tenido una reacción: la multiplicación de candidatos latinos, musulmanes, homosexuales y feministas que contradicen las tesis de Trump. Será el Congreso con más mujeres de la historia de Estados Unidos -particularmente en el bando demócrata-. De la misma forma, los resultados electorales nos indican que hay un giro a la izquierda en múltiples distritos en los Estados Unidos. El Partido Demócrata no sólo conquistó la Cámara de representantes, sino que lo hizo con su versión más liberal y con una buena porción de sus candidatos denunciando a la élite de su país. Los datos son demoledores: 313 de los 435 escaños giraron a la izquierda. Estados Unidos entra a una fase de profundísima ideologización.

De la misma forma, es innegable que la Unión Americana nunca había estado tan dividida. Por edad, género, estado, comunidad, educación. Por ejemplo, en edad. Los demócratas les sacaron 37% de ventaja a los republicanos en jóvenes menores de 30 años. En la elección intermedia en donde más jóvenes votaron desde 1994. Una brecha insalvable: los menores de 45 años votaron por candidatos demócratas mientras que los mayores de edad apostaron por el partido rojo.

La brecha educativa es, también, impresionante. De acuerdo a encuestas de salida, que cita la revista The Atlantic, los demócratas vencieron por 16 puntos entre los electores blancos que tienen título universitario. En contraposición, los republicanos vencieron por 24 puntos a los demócratas entre aquellos segmentos sin educación superior. Trump y el Partido Republicano mantuvieron el voto de estos últimos, pero perdieron 11 puntos entre los blancos con título de educación superior.

Trump y los republicanos lograron mantener parte de su voto masculino (48% contra 50% de los demócratas), pero perdieron por 21% en el voto de las mujeres. El origen étnico también genera divisiones en Estados Unidos. Siete de cada 10 latinos votaron por el Partido Demócrata y nueve de cada 10 afroamericanos.

La división entre las zonas rurales y las urbanas también explica muchos de los resultados electorales. Los republicanos salieron victoriosos en 59 de 68 distritos que son enteramente rurales, mientras que también fueron hegemónicas en áreas que combinan suburbios y rural (91 de 111). Por su parte, los demócratas ganaron 74 de 76 distritos puramente urbanos y 61 de los 68 distritos en suburbios densamente poblados. Más claro ni el agua: los republicanos se han convertido en un partido marcadamente rural, mientras que los demócratas se han vuelto en el partido de las ciudades.

De la misma forma, las victorias en distintos distritos son reflejo de la polarización que se viene en los Estados Unidos. De acuerdo al sistema de polarización parlamentaria, desarrollado por el profesor de Stanford, Adam Bonica, la actual composición de la Cámara de Representantes supone la salida de muchos diputados moderados de ambos bandos. El resultado es que la mayoría de los congresistas se ubican en posiciones más pegadas a la derecha o a la izquierda, lo que dificulta aún más los acuerdos. Un Congreso sumamente dividido para un país igualmente fracturado.

A pesar de que supone un revés electoral, Donald Trump no está muerto. El contexto político que se abre no supone ningún riesgo para él. La posibilidad de ser destituido es casi cero -por el control republicano del Senado-. Y la polarización es el campo predilecto del magnate. Los demócratas podrán detener las locuras presupuestales de Trump y decirle “no” al muro fronterizo que prometió a los electores. Podrán también meterlo en aprietos con comisiones de investigaciones. Sin embargo, hace falta un algo más para poner a temblar a Trump. Los demócratas necesitan un líder o una lideresa que abandere un proyecto alternativo frente a Trump. Hoy, los nombres que suenan, son o muy jóvenes, o muy veteranos, o muy cargados a la izquierda.

Los demócratas cosecharon importantes victorias en las elecciones intermedias, pero siguen drásticamente alejados de la América Profunda. La hiper concentración del voto demócrata en zonas urbanas supone que los liberales tengan que obtener casi 20% más votos que los republicanos para obtener un mismo asiento. De la misma forma, el trazo tramposo de los distritos y el sistema electoral americano siguen beneficiando a los conservadores. Los demócratas pueden arrasar entre minorías e incrementar su ventaja entre el americano estudiado, pero incluso esos avances políticos podrían no ser suficientes para evitar la relección de Trump en 2020. Eso sí, los demócratas lograron importantes victorias electorales en tres estados que fueron fundamentales para Trump: Wisconsin, Michigan y Pennsylvania.

La página Five Thirthy Eight hizo el ejercicio de trasladar los votos de la Cámara de Representantes a lo que sería una elección presidencial y la conformación de un Colegio Electoral. Los resultados favorecen a los demócratas: 314 a 224 en el mejor escenario y 278 a 260 en el más conservador de los pronósticos. A pesar de esto, y de que los pronósticos no parecen los más alentadores para Trump, es imposible que el magnate opte por la moderación. El día siguiente a la elección, Trump le pidió su renuncia al fiscal Jeff Sessions. Lo vimos confrontando con la prensa y reafirmando sus propuestas más estrafalarias. Trump buscará seguir polarizando con la migración, la raza y los impuestos. Veremos una política exterior marcadamente bravucona y, tal vez, un tono más crítico con México. Trump tiene claro su camino: sólo la división podría entregarle la relección.

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