El presidente Donald Trump anunció que la Marina estadounidense implementará un bloqueo en el estratégico Estrecho de Ormuz, tras el fracaso de las negociaciones de alto al fuego con Irán celebradas en Pakistán. La medida, que entrará en vigor este lunes, busca restringir el tránsito marítimo hacia y desde puertos iraníes. Y aumentar la presión sobre Teherán en medio del conflicto.El Comando Central de Estados Unidos informó que el bloqueo aplicará a barcos de todos los países, pero permitirá el paso de aquellos que no se dirijan a puertos iraníes. La medida marca un giro en la estrategia de Washington al buscar debilitar una de las principales ventajas de Irán: el control de una ruta por la que, antes del conflicto, circulaba cerca del 20% del petróleo mundial.La reacción de los mercados fue inmediata: el crudo estadounidense superó los 104 dólares por barril, con un alza de más del 8%, y el Brent rebasó los 102, ante la incertidumbre sobre el suministro. Analistas advierten que un bloqueo prolongado podría elevar los precios de la energía y presionar la inflación global.Desde Teherán, la Guardia Revolucionaria Islámica aseguró que el Estrecho permanece bajo su “control absoluto” y advirtió que cualquier presencia militar será respondida “con contundencia”.Expertos en seguridad internacional consideran que la viabilidad del bloqueo es limitada. Andreas Krieg, profesor del King’s College de Londres, afirmó que Washington carece de herramientas militares efectivas para imponer sus condiciones sin escalar el conflicto. “Trump tendrá que ceder en algunos puntos… no puede forzar una victoria total por la vía militar”.El desacuerdo gira en torno al programa nuclear iraní. El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, exigió que Teherán renuncie a desarrollar armas nucleares, mientras Washington pidió detener el enriquecimiento de uranio y desmantelar instalaciones clave. Irán calificó estas condiciones como una “extralimitación”.El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, lanzó una advertencia directa: “Si ustedes pelean, nosotros pelearemos”. No obstante, tanto Teherán como Washington han dejado abierta la puerta para retomar el diálogo.La comunidad internacional reaccionó con cautela. La Unión Europea pidió reforzar la vía diplomática, mientras que Rusia, encabezada por Vladímir Putin, ofreció facilitar un acuerdo y reiteró su disposición a mediar para evitar mayor inestabilidad en la región.En el terreno, aunque los ataques han disminuido, persisten focos de violencia, especialmente en Líbano. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, visitó zonas del Sur bajo su control militar.Las expectativas a corto plazo apuntan a una fase de alta volatilidad. A nivel político, el riesgo de una escalada militar sigue latente, especialmente ante los reportes de que la Casa Blanca evalúa opciones adicionales, incluidos bombardeos selectivos.Mientras tanto, en Irán crece el cansancio social tras meses de conflicto y sanciones. “Nunca hemos buscado la guerra”, expresó un ciudadano en Teherán, reflejando un sentimiento extendido de hartazgo. El fracaso de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán para alcanzar un alto el fuego no solo prolonga la incertidumbre, sino que confirma un escenario de estancamiento estratégico marcado por posturas rígidas y percepciones contrapuestas del conflicto.Tras 21 horas de diálogo en Islamabad, ambas partes se responsabilizaron mutuamente sin mostrar señales de flexibilidad. Más que un tropiezo coyuntural, el desenlace evidencia una brecha estructural: mientras Washington exige garantías verificables sobre el programa nuclear iraní, Teherán condiciona cualquier avance al reconocimiento de sus intereses estratégicos, incluido el control del estrecho de Ormuz.El vicepresidente JD Vance sintetizó la postura estadounidense: “Necesitamos ver un compromiso afirmativo de que no buscarán un arma nuclear”. En contraste, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, sostuvo que Estados Unidos debe demostrar “si puede ganarse nuestra confianza o no”.Analistas coinciden en que el principal obstáculo es la percepción de ventaja en ambos bandos. Danny Citrinowicz, del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional, advirtió que la postura iraní “no es la mentalidad de un régimen que se prepara para encontrar terreno en común”, y subrayó que la brecha entre expectativas estadounidenses y percepción iraní “conforma actualmente la parte central del creciente estancamiento estratégico”.A ello se suma el factor energético. El control del estrecho de Ormuz mantiene alta la presión internacional y eleva los costos de una eventual escalada.Pese a la tensión, especialistas descartan una guerra inmediata. Ali Vaez, del International Crisis Group, señaló que “el escenario más probable no es una guerra inmediata, sino un periodo volátil de presión, señales y esfuerzos de último minuto”.Así, el conflicto entra en una fase de tensión prolongada, donde la falta de acuerdos no implica estabilidad, sino un equilibrio débil.AP CT