Domingo, 23 de Enero 2022

Con enseñanza de música, forman a latinos en Chicago

Alumnos aprenden, además de música, organización, disciplina y otras habilidades. Los maestros atienden desde niños de seis años hasta jóvenes de 18 años

Por: El Informador

MÁS QUE MÚSICA. Oliver Muñoz enseña mucho más que violín, sus estudiantes aprenden organización, disciplina y otras habilidades. Especial

MÁS QUE MÚSICA. Oliver Muñoz enseña mucho más que violín, sus estudiantes aprenden organización, disciplina y otras habilidades. Especial

Oliver Muñoz no sólo les enseña a sus 73 alumnos a tocar el violín. A través de sus lecciones muchos de sus estudiantes (la mayoría de origen mexicano) aprenden a dominar este complejo instrumento, al mismo tiempo que aprenden organización, disciplina y otras habilidades necesarias para tener éxito en su vida académica.

Durante 45 años esa ha sido la misión de la Escuela de Música Popular, una organización comunitaria sin fines de lucro que tiene seis locales en toda la ciudad y que atiende desde niños de 6 años hasta jóvenes de 18 años que, de otro modo, no tendrían acceso a lecciones de música.

La escuela tiene su campus más grande al norte de Chicago, ofreciendo diariamente programas extracurriculares para alumnos de escuelas asociadas en los vecindarios Back of the Yards, Albany Park y Bronzeville. Esto permite que esos niños asistan a clases sin salir de su vecindario.

A pesar de ser una escuela de música, la organización no sólo se preocupa por impulsar nuevos talentos musicales. Más bien se concentra en ofrecerle a los estudiantes la oportunidad de aprender un instrumento y todas las habilidades que se derivan.

La mayoría de los niños y jóvenes regresan año a año porque entienden que la disciplina, organización y oratoria que aprendieron allí los ha ayudado en otros campos de su educación. Más del 20% continúan estudiando música en la Universidad y luego que se gradúan.

Ariel García, quien comenzó como maestro de violín en 2016 y hoy es el administrador de la organización comunitaria, dijo que la reputación de la Escuela de Música Popular está basada en comentarios de los padres. La mayoría de los estudiantes que siguen el programa por más de 6 años tienen, en promedio, 40% probabilidades de conseguir una beca en una preparatoria y/o universidad privada en Chicago o en otros estados del país.

FORMACIÓN. La escuela ofrece la oportunidad de aprender a tocar un instrumento. Especial

Hijos felices, padres felices

Lily Torres, originaria de Tlajomulco, Jalisco, ha trabajado en la Escuela de Música Popular desde hace más de 20 años y actualmente es directora de operaciones.

Como madre soltera, con dos hijos, habla a diario con muchos padres de familia que siempre le están diciendo que no podrían darles a sus hijos acceso a lecciones de música si no fuera por esta organización. “A veces manejan hasta dos horas para llevar a sus hijos a una clase, y es asombroso porque siempre me dicen: 'No podrían aprender música de otra manera’”.

Torres también enseña guitarra en clases extracurriculares de la Academia Agustín Lara, en el vecindario de Back of the Yards. Su propia experiencia de luchar para recibir una educación musical de calidad es lo que lo impulsó a buscar la escuela de música  cuando tenía 14 años. Hoy está convencida de que las personas que están expuestas a la educación musical tienen vidas más felices.

La música: un camino al éxito

García, nacido en Guadalajara y criado en el barrio de La Villita en Chicago, comenzó a tomar lecciones de violín cuando tenía 8 años gracias a un programa de su escuela. Continuó hasta obtener una maestría en música. Hoy está terminando su disertación para recibir un título de doctor en Artes Musicales en la Universidad de Wisconsin, el título universitario más alto que cualquier otro miembro de su familia de origen mexicano haya obtenido.

Pero incluso con padres comprensivos y su amplia experiencia en educación musical, García dijo que las barreras económicas siguen estando ahí, en muchas comunidades latinas.

Mientras hacía su Licenciatura de Música gracias a una beca, vio disparidades en lo que respecta a los recursos entre los estudiantes y la inclusión en el campus. Una vez tocó junto a un estudiante que tenía un violín de 80 mil dólares. “Estaba tocando con este niño cuyos padres eran dueños de una mansión en California, y mi instrumento era un violín de 600 dólares, lo mejor que mi familia podía pagar”, dijo García.

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