Apenas despertó y se dio cuenta que había perdido la vista del ojo izquierdo. Se asustó. Elizabeth Zavala no sabía qué le estaba pasando. Ese día consultó tres distintos oftalmólogos, y el diagnóstico fue el mismo: trombosis ocular o “infarto de ojo”; médicamente: oclusión de la vena central de la retina, con daño irreparable e irreversible. Y peor aún: también podía perder el otro ojo.Pero, ¿por qué? No entendía por qué estaba así, y tampoco los médicos (escuchó a uno de ellos preguntarle a sus colegas, después de ver la tomografía del ojo, si la paciente aún seguía viva). Los siguientes días estuvo internada; la vieron el neurólogo, hematólogo, cardiólogo, reumatólogo, especialista de médula ósea, internista… le hicieron todo tipo de estudios, hasta toxicológicos. Y nada. No existían antecedentes médicos ni otros padecimientos que pudieran haberlo ocasionado.En los últimos días no había hecho nada inusual. Hasta que recordó algo: cuatro días antes, el 16 de agosto del 2021, había recibido la primera dosis de la vacuna COVID-19 de AstraZeneca, en el Auditorio Benito Juárez, de Guadalajara. Zavala Carrera dice que para los médicos que la estaban tratando ese fue el punto de partida. En otros países ya se habían reportado casos de ESAVI (Eventos Supuestamente Atribuidos a la Vacunación e Inmunización); en Europa, por ejemplo, habían suspendido la vacunación ante hechos trombóticos, personas con problemas de coágulos tras la aplicación de esa misma vacuna.“Se han descrito casos de síndrome de trombosis con trombocitopenia (STT) en personas que habían recibido las vacunas contra la COVID-19 vectorizadas por adenovirus no replicativos (la vacuna ChAdOx1-S, de AstraZeneca, y la vacuna Ad26.COV2-S, de Janssen/Johnson & Johnson)”, señaló la Organización Mundial de la Salud (OMS), en un documento publicado en julio de 2021 para reconocer y tratar los casos de STT tras la vacunación contra la COVID-19. (Puede consultarse en el sitio web www.who.int/es/publications/i/item/WHO-2019-nCoV-TTS-2021.1).De acuerdo con la información de la OMS, para sospechar que el cuadro clínico podría ser atribuible a esas vacunas, los síntomas debían aparecer en las cuatro semanas siguientes a la vacunación: “la mayoría de casos de STT se han descrito entre tres y 30 días después de la administración”. Elizabeth Zavala perdió la vista al cuarto día y el diagnóstico fue una obstrucción de la vena principal de la retina.Tras salir del hospital, la joven abogada comenzó a llamar a los números telefónicos de la Secretaría de Salud que venían en el comprobante de vacunación; cuando por fin alguien le contestó, y tras explicarle todo lo que había pasado, recuerda que solo le dijeron que se tomara un paracetamol. “Yo lo que quería eran respuestas, saber qué tenía y poder curarme”, dice Elizabeth Zavala, quien tajante niega ser antivacunas, ella y toda su familia se han vacunado. En agosto del 2023 la abogada demandó a la Secretaría de Salud Federal por responsabilidad, ante la omisión de atención y seguimiento tras reportar eventos adversos atribuibles a la vacuna, así como la falta de advertencia sobre los riesgos y la inexistencia de protocolos de información veraz y accesible. Todo dentro del juicio que se lleva en la Segunda Sala Regional en Jalisco del Tribunal Federal de Justicia Administrativa.Elizabeth Zavala ha requerido ya 9 cirugías oculares, diversas hospitalizaciones de urgencia y 14 inyecciones intravítreas (directas al ojo). Ya no recuperará la vista ni la vida como la conocía, pero su caso podría ser un precedente: el primero de su tipo en resolverse en los tribunales de justicia de México.