El discreto trato otorgado ayer por la Casa Blanca a la visita de María Corina Machado habla por sí solo del futuro de la ganadora del Premio Nobel de Paz y de la influencia mediata que puede tener dentro de las decisiones que Donald Trump pueda tener como actual “encargado” -él mismo lo dijo después de la detención de Nicolás Maduro- del gobierno de Venezuela.La líder de la oposición venezolana llegó al almuerzo con Trump e ingreso a la residencia oficial por una puerta lateral, sin que ningún alto oficial de la administración -a la vista- la recibiera, públicamente no apareció en la oficina Oval y menos compartieron una conferencia de prensa después de la reunión, lo que envía un mensaje muy claro del papel que tendrá en el futuro inmediato en la transición que se vive y ratifica lo que el presidente piensa y mencionó de Corina Machado después de la detención de Maduro, “Es una mujer muy amable, pero no tiene el apoyo ni el respeto dentro del país”. Afirmación que ayer mismo fue ratificada por la vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, quien dijo, “Es una posición realista”.El comentario de quien despacha en la oficina Oval sobre Corina Machado contrasta con el hecho el miércoles sobre la vicepresidenta en funciones en el país sudamericano, Delcy Rodríguez, de quien dijo, “... es una mujer estupenda”, después de conversar por teléfono.La extraña posición que ha asumido Trump en el caso de Venezuela, confirma que su interés es solamente económico por el beneficio del petróleo, lo que lo ha llevado a dejar en el “poder” a quien fuera la “mano derecha” de la dictadura de Maduro, quien a su vez tiene como apoyo principal e incondicional del ministro del Interior, Justicia y Paz, Diosdado Cabello, un hombre quien desde el pasado 7 de enero encabeza la lista de recompensas de Estados Unidos por acusaciones de narcotráfico y terrorismo, además de estar vinculado como el principal responsable de la represión en Venezuela. Y si a eso agregamos que el otro personaje cercano a Delcy Rodríguez es Nicolás Maduro Guerra, el hijo del dictador, quien también está acusado por el gobierno estadounidense de narcoterrorismo, es lo que viene a calificar de insólita de la actitud del presidente de Estados Unidos, quien además está dejando de lado a quien con valentía encabezó la oposición popular ante la dictadura -y que fue reconocida internacionalmente con el Premio Nobel, que ayer por cierto le regaló la medalla a Trump-, pero que ahora queda relegada ante lo que parece un arranque de celos provocado por un reconocimiento del que piensa tenía más merecimientos.Usted, ¿qué opina?