Sin duda, uno de los temas más importantes del año 2026 para México, será el de la Reforma Electoral, una reforma que en medio del gran debate sobre las acciones de Estados Unidos en Venezuela y su replanteamiento con respecto al orden global, tendría que considerar y poner por delante, el enorme reto de fortalecer la democracia y la pluralidad en nuestro país. Será una reforma electoral que se debatirá en medio de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio, y si bien estas negociaciones no son de índole político electoral sino económico, la reforma del sistema electoral mexicano no puede desprenderse del contexto político en el que se enmarcan estas negociaciones dados los problemas de corrupción, impunidad en la justicia, inseguridad, así como la falta de oportunidades para la inversión extranjera en nuestro país. Esta semana, la Presidenta Sheinbaum recibió a Pablo Gómez, responsable haber realizado los foros de diálogo nacionales en torno a esta reforma. No se informó de los resultados o propuestas que compartieron y todo se mantiene en el terreno de la especulación con respecto a las ideas iniciales de la Presidenta que son: disminución en la composición de las cámaras legislativas, eliminación de las candidaturas plurinominales y eliminación de los llamados OPLES (órganos electorales locales). Después de esta reunión, la Presidenta se limitó a decir que “la democracia mexicana sale muy cara y debemos abaratar sus costos”.La gran pregunta es, en medio de los hechos acontecidos en Venezuela y las acciones del Presidente Trump, ¿estamos dispuestos como país a disminuir los costos operativos de la democracia y no a fortalecerla? Esta es una pregunta central en donde el debate que veremos en las cámaras debe no solo concentrarse en los intereses de los partidos y los procesos electorales, sino en la fuerza que el país debe construir de cara a un nuevo orden mundial que nadie sabe cómo será pero que ya estamos presenciando. Porque cuando Trump lamenta que México “esté gobernado por el narcotráfico” no solo se refiere a los diferentes grupos del crimen organizado, sino a las telarañas de corrupción y complicidad que, con estos grupos, se tejen con la clase política de todo el país; esos personajes que llegan al poder mediante el voto popular. Desde hace muchos años hemos sabido que el sistema de partidos mexicano nos cuesta mucho dinero y la reconfiguración con relación a su costo-beneficio para el país y la sociedad mexicana, siempre atraviesa por el dilema del financiamiento y la criminalidad. Desde hace décadas, la sociedad ha exigido que los partidos políticos le cuesten menos al erario y habrá que ver cuál será la propuesta de reducción de financiamiento del Gobierno Federal, pero esta sería quizá, un punto de quiebre de la alianza político-electoral que Morena ha tejido con el Partido Verde y el Partido del Trabajo. La reforma electoral no se trata solamente del costo de los partidos o del costo de los propios procesos electorales que buscarían reducir a la burocracia y su propia institucionalidad, se trata también de resignificar la pluralidad sociopolítica y cultural del país en los sistemas de representación y el diálogo democrático, cosa que no atraviesa únicamente por el sistema de plurinominales. Los próximos seis meses, México habrá de enfrentar el enorme debate de lo que significa la reforma electoral previo a los comicios intermedios del año 2027. Esperamos un debate de altura y no un circo político. Esperamos que sean capaces de colocar por encima de los intereses partidistas el robustecimiento del sistema democrático de cara los enormes desafíos que significan las acciones del Gobierno de Estados Unidos.