El sábado pasado, la agencia Reuters informó que el Gobierno mexicano estaba analizando si seguiría enviando petróleo a Cuba ante los crecientes temores de represalias de Estados Unidos. El lunes, la agencia Bloomberg reportó que Pemex había suspendido su cargamento de crudo a ese país, sin precisar, porque la empresa y la Secretaría de Energía optaron por el silencio. Ayer, la Presidenta Claudia Sheinbaum confirmó cuidadosamente —no hay registro en sus palabras que admitiera la decisión, o términos como se pospuso, paró o canceló— que, como difundió la prensa extranjera, el crudo mexicano ya no llegará a Cuba, cuando menos por ahora.Sheinbaum subrayó que era una decisión soberana y que Pemex tomaba sus decisiones a partir de sus propias definiciones y contratos, matizando la justificación que lo hacía su gobierno por razones humanitarias, con que estas se emplean “en determinadas circunstancias”. Estas circunstancias no fueron precisadas, lo que una vez más, ante las lagunas de información, correrán todo tipo de interpretaciones y señalamientos, sobre todo, por el contexto actual, como un nuevo acatamiento a exigencias del presidente Donald Trump. En este caso, sin embargo, hay información que da la razón a Sheinbaum.El envío de petróleo a Cuba, así como la contratación de maestros y médicos cubanos en México, ha sido motivo de queja del gobierno de Estados Unidos desde hace varios meses. Haber reforzado los cargamentos de crudo al régimen de La Habana tras la captura negociada del expresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, a principio de año, provocó mucha molestia en el Departamento de Estado y críticas encendidas de legisladores, principalmente los republicanos de Florida que tienen una importante ascendencia en la política de Washington hacia América Latina.No obstante, la presidenta tenía otras señales. Durante su conversación telefónica con Trump el 12 de enero, el jefe de la Casa Blanca le dijo que como socios estratégicos deberían de mantener políticas alineadas en seguridad, democracia y libertades políticas, que son ajenas a Cuba, por lo que los envíos de petróleo y la presencia de médicos cubanos en México, no era algo con lo que simpatizara, sin que existiera algo más de este extrañamiento, y mucho menos una sugerencia o petición de que se suspendiera lo que estaba haciendo. Las presiones para suspender los envíos existen, pero en otros niveles.Desde esa conversación telefónica, se comenzó a recalibrar la relación bilateral con ajustes en el tema de la seguridad, la política exterior y la gobernabilidad interna. En materia de seguridad, se intensificó la cooperación con Estados Unidos, que incluyó la autorización para el incremento en los sobrevuelos de naves recolectoras de inteligencia sobre territorio mexicano, que subió de 1 a 2 por mes en promedio, a entre 4 y 5 en cada una de las últimas tres semanas. En política exterior se redujeron las posiciones de apoyo irrestricto con el régimen chavista de Venezuela, y reconsideraciones sobre qué posición tomarán cuando, como le dijo Trump en la llamada, tomen acciones en Cuba y Colombia. Por lo que respecta al tema de la gobernabilidad interna, se empezó a revisar a políticos y funcionarios de Morena que podrían ser sujetos de un proceso penal en México, que ha sido la exigencia de Washington. En todos estos temas se busca un trípode estratégico: soberanía, estabilidad política y cooperación.Dentro de estos nuevos parámetros que han regido los análisis de la Presidenta desde mediados de enero, se discutió el tema de los envíos de petróleo a Cuba, a fin de reducir las fricciones existentes con el Departamento de Estado, de los legisladores de Florida cercanos al secretario Marco Rubio, y de filtraciones en los medios que le cierran espacios de maniobra. Resultado de esas deliberaciones fue la decisión presidencial de suspender los cargamentos.La Presidenta tomó, quizás por primera vez, una decisión a favor del país y no de la agenda de Morena. Si bien tenía suficientes razones políticas para ello, también hay una razón económica de fondo. Estados Unidos, como dijo en su momento el secretario de Energía, Chris Wright, como secuela de la conversación telefónica de Trump con Sheinbaum, que no existía una petición formal de su gobierno para que México dejara de enviar petróleo a Cuba, jugando con un doble discurso que, al final del camino, perjudicaría a México y a ella la pondría en aprietos internos.Estados Unidos selló a Cuba para que no pudiera recibir ningún barco con petróleo del mundo, salvo de México. Hace unos días desvió el buque cisterna “Mia Grace” cargado con petróleo crudo que salió el 19 de enero de Lomé, la capital de Togo en el Golfo de Guinea en África, con destino a La Habana, hacia el puerto de Haina en la República Dominicana. El crudo mexicano a Cuba no era suficiente para satisfacer la demanda cubana —solo resuelve, máximo, el 40% de sus necesidades—, con lo que se profundizaría la merma en Pemex por miles de millones de dólares, que necesita Sheinbaum para otras prioridades políticas, como programas sociales.En unas cuantas semanas, Pemex estaría más hundido que hoy, su calificación, pegada a la soberana, estaría en riesgo, y la explicación doméstica del por qué seguía otorgando una “ayuda humanitaria” a Cuba a costa de necesidades urgentes en México, como medicinas, golpearía su popularidad, que aunque va en picada no se refleja en las encuestas porque un pool de casas demoscópicas están al servicio de Palacio Nacional.La decisión de Sheinbaum fue estratégica. Paradójicamente, alineando los intereses a Estados Unidos, también se separó de sus planes. Funcionarios estadounidenses sostienen que el cambio de régimen en Cuba se estaría cocinado para fin de año, y la razón de ese plazo tiene que ver con las acciones para lograr un cambio, quizás pactado, pero sobre todo pacífico. México, sin saberlo Sheinbaum, tenía un rol a jugar: darle el aire suficiente a la sociedad cubana para evitar una crisis social. Era un tanque de oxígeno, porque como dijo un funcionario estadounidense, “el caos necesita orden”. Sin darse cuenta, le estaba haciendo el trabajo sucio a Washington.Eso, al menos por ahora, no va a suceder. Washington tendrá que encontrar cómo darle un cauce al descontento sin deshidratar a la sociedad por completo, y México, con esta decisión, se quita presiones, alinea políticas y mantiene la soberanía.rrivapalacio2024@gmail.comX: @rivapa_oficial