En un mundo obsesionado con obtener respuestas de la inteligencia artificial, tal vez deberíamos preguntarnos entre nosotros: ¿somos capaces de formular preguntas que puedan cambiar una comunidad?Porque muchas veces el progreso de una sociedad no comienza con respuestas rápidas, sino con preguntas profundas y provocadoras.TechCrunch publicó en julio de 2025 que la humanidad formula más de 2 mil 500 millones de preguntas al día a la inteligencia artificial. Esto equivale a que, cada segundo, se hagan alrededor de 29 mil preguntas a plataformas de IA en todo el planeta. En México, una gran parte de estas consultas se utilizan para recopilar información, traducir textos, generar contenido o solicitar recomendaciones personales y profesionales.Hace muchos años trabajé en una cadena de alimentos donde la dirección impulsó una estrategia para premiar a las sucursales que entregaran los productos con mayor rapidez a los clientes. Durante varios meses se invirtieron miles de pesos en mediciones en todo el país para identificar qué establecimientos lograban reducir más los tiempos de entrega. Con base en esos indicadores operativos se eligió y premió a la sucursal ganadora.Tiempo después, alguien dentro de la compañía tomó una decisión simple pero poderosa: preguntar a los clientes. Se encargó un estudio de mercado para entender qué valoraban realmente las personas que visitaban esas sucursales.Los resultados fueron reveladores. Los clientes no percibían esos espacios como lugares de paso. Al contrario, los valoraban como un sitio para detenerse, convivir y disfrutar. Para algunos era una recompensa familiar después de buenas calificaciones de los hijos; para otros, el lugar donde celebrar el cierre de un negocio o compartir un momento personal.La rapidez, que la empresa había convertido en objetivo central, iba en contra de la misión de compra de más del 80% de los entrevistados.En otras palabras, durante meses la empresa había premiado una motivación que no existía en la mente de sus clientes.Es bien sabido que muchas de las innovaciones que han mejorado la calidad de vida de la humanidad nacen de las preguntas y también de la capacidad de reconocer errores. Cuando preguntamos por qué fallamos, abrimos caminos para que nuestra conciencia explore soluciones y mejore el entorno.Diversos estudios sobre pensamiento crítico y creatividad coinciden en algo fundamental: las preguntas son el motor del aprendizaje y de la innovación.El investigador Warren Berger lo explica en su libro “A More Beautiful Question: The Power of Inquiry to Spark Breakthrough Ideas”, donde muestra cómo la capacidad de formular buenas preguntas es uno de los detonadores más poderosos de ideas transformadoras.Investigaciones publicadas en “Harvard Business Review”, en el artículo “The Surprising Power of Questions” de Alison Wood Brooks y Leslie K. John, demuestran que las personas que formulan más preguntas en conversaciones profesionales generan mayor confianza, mejor colaboración y mayor capacidad de descubrimiento dentro de los equipos.Por su parte, estudios sobre innovación organizacional difundidos por MIT Sloan Management Review señalan que las empresas más innovadoras no necesariamente son aquellas que tienen más respuestas, sino las que han construido una cultura de cuestionamiento constante.En el contexto actual, la inteligencia artificial puede procesar datos, generar escenarios o redactar textos en segundos. Pero alguien con inteligencia natural tiene que definir:• Qué problema vale la pena resolver.• Qué hipótesis explorar.• Qué preguntas debemos investigar.Y ahí es donde comienza la evolución humana.En marketing, en los negocios y en la vida, las grandes transformaciones rara vez empiezan con una respuesta apresurada o superficial. Empiezan con una pregunta incómoda.Una pregunta que desafía lo establecido.Una pregunta que obliga a mirar el problema desde otro ángulo.Una pregunta que nadie había formulado antes.Tal vez por eso, en tiempos de algoritmos y automatización, una de las habilidades más valiosas seguirá siendo profundamente humana: cuestionar y hacer preguntas.Escuchar es una ventaja competitiva. Pero este hábito comienza con la pregunta y con la voluntad de prestar atención. Y ambos requisitos parten de la inteligencia natural.Si no escuchas, no vendes.emiliano@lamarcalab.com