Es conocido por todo mundo que esté poniendo atención que 2026 es un año de gran importancia para México en su relación con el resto de América del Norte. Sin duda alguna el resultado de las negociaciones del T-MEC redefinirá el futuro de nuestro país en muchos sentidos, muestra de la trascendencia del comercio en nuestras vidas.Aunque las conversaciones entre ambos gobiernos ya han comenzado, todavía falta aspectos nodales que definir. Esto es todavía más cierto si entendemos el carácter mercurial del actual inquilino de la Casa Blanca, quien nunca ha conocido un cambio de opinión que no le guste.De lo dicho por las autoridades mexicanas, sabemos lo que quiere el gobierno federal de estas negociaciones: por un lado, mantener el arancel cero para los productos que cumplen con las reglas del tratado. El gobierno intenta revertir o evitar nuevas amenazas arancelarias de Estados Unidos. Por otro lado, se busca que las reglas del juego sean parejas y predecibles. Esto quiere decir que se establezca un mecanismo de solución de controversias confiable que no dependa de decisiones políticas unilaterales.En tercer lugar, se quiere defender los sectores estratégicos. Para esto el equipo negociador tiene instrucciones de proteger puntos críticos como las reglas de origen automotriz, la soberanía energética y la industria del acero y aluminio.En un lugar no menos importante se encuentra el deseo de fortalecimiento la región de América del Norte frente a China, más para satisfacer las demandas de Washington que de una convicción propia.Este último punto es crucial. Debido a la presión del gobierno de Donald Trump, México ha aceptado reducir la dependencia de insumos asiáticos, fortalecer las reglas de origen para asegurar que los beneficios del tratado se queden en Norteamérica y utilizar el nearshoring para crear un ecosistema de codesarrollo regional que compita con China. Ante tal situación, no es sorprendente que el gobierno de Xi Jinping haya hecho saber al oficialismo que tiene serios reparos en la consecución de tales propósitos.Seguramente como reacción a la respuesta china, el Secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ha señalado que el gobierno mexicano reactivará el Grupo de Alto Nivel (GAN) que tiene con el coloso asiático para que se convierta en el espacio principal de negociación de los aranceles impuestos por México a más de 1,400 productos chinos. De igual manera, se quiere aprovechar diplomáticamente el hecho de que China será sede del foro APEC 2026, con el fin de tratar temas de inversión y comercio. Sin duda estos serán foros privilegiados para que el gobierno mexicano converse con su contraparte china. México deberá dejar claro que - más allá de la presión de Washington - hay razones legítimas para imponer gravámenes a China, ya que el piso está muy disparejo debido a los subsidios y bajos costos de producción en ese país que afectan nuestra industria nacional. México tiene que poner sobre la mesa la dificultad de exportar hacia China comparada con la facilidad de importación desde ese país, para que se eliminen trabas a los productos mexicanos.Este año el gobierno mexicano tendrá que navegar con mucho cuidado aguas turbulentas entre dos gigantes globales.gdehoyoswalther@gmail.comTwitter: @gdehoyoswalther