Sábado, 18 de Abril 2026

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Jessica Foster y la manipulación digital

Por: Vania de Dios

Jessica Foster y la manipulación digital

Jessica Foster y la manipulación digital

Ver ya no es suficiente para creer. En unos cuantos meses, Jessica Foster se convirtió en sensación en Instagram: consiguió un millón de seguidores y miles de “likes” en cada publicación. Una atractiva estadounidense, joven, rubia-ojiclaro y militar; mostrando una mezcla de disciplina, belleza y autoridad.

En las imágenes aparecía en traje camuflajeado o vestida de tacones, pantimedias y traje con condecoraciones; como si fuera cercana al poder político, en su contenido incluyó fotografías junto al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y selfies con otros personajes mundiales, como el futbolista argentino Lionel Messi y hasta los presidentes de Rusia, Vladimir Putin, y Ucrania, Volodímir Zelenski. Así construyó una comunidad masiva en internet… y la monetizó.

Pero que exista en internet no significa que sea real. Jessica Foster resultó ser un avatar, un engaño viral: un personaje creado con Inteligencia Artificial y que generó la ilusión de ser una persona, consiguiendo redirigir a sus seguidores virtuales de Instagram a OnlyFans, para venderles otro tipo de contenido. La identidad en internet puede fabricarse, ahí se puede ser quien quiera; las herramientas y aplicaciones para hacerlo están al alcance de la mano, están a unos cuantos clicks.

En América Latina se estima que hay alrededor de un centenar de influencers virtuales que están activos; avatares hiperrealistas, con rostros, voces y gestos que los hacen parecer reales, escucharse como reales. Esos personajes también son conocidos como humanos sintéticos, que tienen disponibilidad permanente (están 24/7 para interactuar) y que comienzan a utilizarse como herramienta de marketing para recomendar productos o vender otro tipo de contenidos. Pero, ¿cuántos seguidores y consumidores de sus publicaciones saben que son personajes ficticios, que fuera de internet no existen? ¿Cómo distinguir lo real de lo fabricado si hoy la evidencia visual es tan engañosa?

La cuenta de Instagram de Jessica Foster, desde donde también publicaba mensajes políticos pro-Trump, ya fue cerrada. El riesgo de estos avatares es que se desconoce quién está detrás, quién los opera, los crea y se hace responsable de sus contenidos, de su impacto y alcances. Son “fantasías” diseñadas para agradar y persuadir.

Por más reales que puedan parecer estos personajes o las imágenes creadas con IA, suelen tener indicios de que no son seres humanos. Ahí está el desafío: reeducar el pensamiento crítico y volver a dudar de lo que vemos, sobre todo en internet.

Más de un millón de personas comenzaron a seguir a Jessica Foster, a alguien que ni siquiera es real. Hay quienes se informan y creen, ingenuamente, en todo lo que ven en redes sociales. En esta era de inteligencia artificial necesitamos entender que ver ya no es creer. Requerimos pasar de simples consumidores a audiencias críticas. Educarnos ante la desinformación y manipulación.

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