Domingo, 17 de Mayo 2026

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Hijos: un lujo en el mundo postindustrial

Por: Lucía Chidan

Hijos: un lujo en el mundo postindustrial

Hijos: un lujo en el mundo postindustrial

Desayuné como otros días, con el mal hábito de estar revisando mis redes sociales al tiempo que me llevaba la cuchara con avena y fresas a la boca. En parte por la flojera de estar diez minutos en silencio y a solas, la niñera celular me sacó del apuro. Hoy vi un video que me dejó pensando, de esos que se aparecen de vez en cuando y te dejan verdaderamente algo valioso. La premisa del video era simple: no es que los hijos se hayan hecho más caros, es que ya no son necesarios.

Inmediatamente pensé: qué estupidez, claro que son más caros. La inflación, las cuotas del colegio, la ropa que se les compra, la carriola; el mercado está inundado con cosas que una madre cavernícola no hubiera soñado nunca con tener. En gran parte, porque no las necesitaba. ¿Quién compraría un esterilizador de biberones cuando se daba pecho? ¿Quién invertiría en una carriola supersónica y sus veinte aditamentos si con una tela amarrada a la espalda era suficiente para transportar al niño? En fin, juzgué antes de terminar de escuchar. Y después dijo: hoy en día, los hijos pueden compararse a los caballos.

Ahora sí tendría que escucharlo todo, necesitaba saber a dónde iba con esto. Los caballos eran una necesidad básica en las ciudades más importantes del mundo hace ciento cincuenta años. Transportaban personas y mercancías, eran una parte importante de la economía, por lo tanto necesarios y, por lo tanto, accesibles. Hoy han sido reemplazados por autos y camiones que transportan lo mismo y más, de manera más eficaz y rápida. Sin necesidad de atención médica ni cuidados, sin la preocupación de que un día al tráiler le dé un cólico y te quedes sin animal para arar la tierra.

Hoy, tener caballos es un símbolo de estatus, porque el costo de tenerlos y mantenerlos es mucho mayor que el posible beneficio que pueda obtenerse de ellos. El coche, no. ¿Y esto qué tiene que ver con los hijos?

Que previo a la Revolución Industrial, en lugar de que las familias trabajaran en fábricas, tenían oficios, sus propios negocios y araban su propia tierra. Los hijos eran un seguro de vida, unas manos más en el campo, los que alimentaban a los animales y cuidaban a los otros niños. Los mayores eran los que se harían cargo del negocio y de sus padres cuando éstos envejecieran. Pero hoy, con la existencia de la pensión, el futuro no te lo asegura una persona sino el sistema. El niño deja de ser útil: el papá trabaja en una fábrica y la mamá en una oficina, y el niño se convierte en un problema porque ya no hay dónde dejarlo, excepto, claro, en guarderías o instituciones educativas, todo por un precio.

Los niños, como los caballos, pasaron de ser útiles a ser una carga. Algo en lo que debe invertirse sin seguridad alguna de rendimiento. Y ahí es donde la comparación deja de ser curiosa y empieza a incomodar. Al caballo nadie le reclama que ya no are la tierra. Simplemente dejó de servir. Pero al hijo sí se le puede reclamar que cueste demasiado, que interrumpa, que complique. El caballo fue reemplazado por algo más eficiente. El niño fue reemplazado por una promesa que, por cierto, se cumple cada vez menos: que el sistema te va a cuidar cuando seas viejo.

El problema no es que la economía haya cambiado. El problema es que esa lógica, la de lo que sirve y lo que no, llegó hasta el lugar donde se decide si traer una vida al mundo. Una sociedad que mide a sus hijos así no está siendo práctica. Está diciendo que ya no sabe qué es una persona. Y eso no tiene solución en el mercado.

@luciachidan

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