Los evangelios presentan un sistema de vida integral que transforma la visión de la realidad y modifica los conceptos que el ser humano tiene acerca de la vida, el tiempo, la naturaleza y la misma divinidad; particularmente cambian la relación hombre-Dios. Si hasta los tiempos de Jesús, Dios o los dioses parecían estar al servicio de la humanidad, dándole cuanto quisiera a cambio de tales o cuales ofrendas, una especie de mago o genio de la lámpara, a partir de la enseñanza cristiana es el ser humano quien es asociado en la obra de Dios en orden a una meta: que todo y todos tengan vida, hasta que llegaron los evangelistas capitalistas y la cambiaron por un “que todos tengan dinero”, fenómeno al que se llama la religión de la prosperidad económica, misma que no se detiene en la moralidad de los medios para alcanzarla; si Dios quiere que yo me haga rico, cualquier recurso es válido.Comentaba una joven “cristiana” que, en una ocasión, faltándole un peso para completar el pasaje del camión, oró intensamente y de pronto, sobre la banqueta, ahí estaba el peso anhelado; con tan buena racha, podía haber pedido de una vez el millón, como seguramente lo han hecho otros de sus correligionarios.Este evangelismo capitalista pone la religión al servicio del enriquecimiento, y por lo tanto del capital, y en consecuencia del poder que defiende el capital, y lógicamente de un capital del cual hay que apropiarse; y por ende las bendiciones del Altísimo descenderán sobre todos los seguidores del capitalismo imperialista mundial, socavando a cualquier persona, sociedad o nación que piense de manera distinta.El resultado será que todos los pastores de este evangelismo acudan fervorosos a pedir a su Dios que proteja los misiles dirigidos sobre Irán o sobre cualquier otro que amenace su religión, pero su Dios es descuidado, y un misil impacta sobre una escuela matando a decenas de jóvenes ajenos por completo a la oración de dichos pastores.Como parte de este juego político-religioso se entiende que el gran predicador evangélico y capitalista, hijo y heredero de Billy Graham, vaya ahora a España a encontrarse con la multitud de seguidores que allá tiene, justo en vísperas de la visita que el papa León hará a aquel país, cuyo gobierno ni aceptó seguir cooperando para el armamentismo europeo, ni se unió a la guerra contra Irán, y criticó constantemente el genocidio de Israel sobre el pueblo palestino, un genocidio vindicativo que no se cobró ojo por ojo, sino cincuenta ojos por cada ojo perdido; siempre es posible superar las normas.La amenaza fue contundente: “España será destruida”, objetivo para el cual ya cuenta con cientos de colaboradores dentro del mismo suelo español, que ahora se mostrarán sin tapujos, extasiados como en un concierto de rock, ante las prédicas procapitalistas de Graham junior, cuyo Dios pregona la prosperidad económica.Definitivamente el Evangelio predicado por Cristo no encaja en estos enjuagues, pues Jesús ni bendijo ni oró por la prosperidad del imperio romano, ni tampoco avaló la voracidad materialista de sus coetáneos, pero sí invitó al trabajo y a la generosidad que sabe compartir con quienes ganan menos o carecen de todo.Muchas desviaciones ha sufrido el cristianismo a lo largo de su larga historia, pero el evangelismo capitalista resulta ser una de las más contradictorias y absurdas, también de las más manipuladoras políticamente hablando.armando.gon@univa.mx