Con afecto para Ignacio Vásquez Ceseña y Álvaro Beruben.El 21 de abril del año en curso, EL INFORMADOR publicó la colaboración de Nadine Cortés titulada “No conocen a Guadalajara”. En la citada publicación, la autora expone con objetividad una serie de ideas que ayudan a entender a nuestra sociedad, sus valores y el compromiso que, como habitantes, debemos tener con nuestra ciudad. El hecho es que las autoridades, en ocasión del Mundial de Futbol, se aprestan a mostrar a los millones de turistas que nos visitarán, lo hermosa que es nuestra urbe y lo fregones que somos los tapatíos. Jalisco ha tenido grandes alarifes y arquitectos, desde Martín Casillas (Catedral) y el padre Pedro Antonio Buzeta (Acueducto), hasta Alejandro Zohn (Mercado Libertad), pasando por Luis Barragán -ganador del premio Pritzker, equivalente al Nobel en arquitectura-, Rafael Urzúa Arias, Ignacio Díaz Morales -creador de la Plaza Tapatía y de la cruz de plazas que identifica a nuestra ciudad- y Jorge Camberos Garibi, fundador del departamento de Planeación y Urbanismo de la Facultad de Arquitectura de la UdeG. Dentro de la operación maquillaje que se lleva a toda prisa para recibir a los visitantes, encuentro una decisión poco afortunada: el traslado de las Tres Gracias -un conjunto escultórico obra del artista Sergio Garval- del camellón central de la avenida Lázaro Cárdenas a la cabecera poniente de la Plaza de la República, en la confluencia de las avenidas México y Las Américas. No soy urbanista, pero entiendo, por experiencia, que cada cosa, objeto o cuerpo, por su “tona” (espíritu), requiere “su” espacio; “un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar” decían los viejos. Una ciudad y el equipamiento urbano -el arte entre ellos- necesario para su adecuado funcionamiento y disfrute, no pueden construirse a base de ocurrencias. La Plaza de la República fue edificada en 1967 para conmemorar el centenario de la restauración de la República. El proyecto, del arquitecto Julio de la Peña, consiste en una gran explanada que contiene como tema central una escultura de La Patria -obra del artista tapatío Juan José Méndez- enmarcada por 32 nichos con los escudos de las entidades que integran México país. Por su parte, las Tres Gracias es una obra de inspiración grecorromana que, si bien es atractiva desde el punto de vista de la cultura universal, no lo es en términos del común de las personas que habitamos esta ciudad. El conjunto referido, integrado por tres piezas de gran tamaño, exige un espacio abierto, con amplitud de perspectiva, consecuente con su monumentalidad, además de un sitio que disponga de información para los usuarios. Las Tres Gracias estaban y siguen estando, fuera de lugar.La transmisión de los bienes, valores y referencias culturales es nuestra acta de nacimiento. Su alteración, sin una adecuada ponderación, puede implicar la modificación de nuestro ADN social. Nuestra ciudad es bonita, era planita, ahora se despegó del suelo y de los ideales que le dieron forma. Nuestra identidad es producto de la centenaria sedimentación de ideas, piedras, argamasa, trabajo y amor. Respetemos nuestro pasado.