La semana pasada, el grupo tapatío Maná (en sus primeros tiempos llamado Sombrero Verde), reunió en un concierto masivo en la Minerva de Guadalajara a cerca de 170 mil personas. La imagen era impresionante, pero, imagine que 130 mil de esos asistentes, representan a las personas desaparecidas en todo el país; entonces la imagen cambia, la sensación de dolor es distinta porque parte de esa multitud festiva es la que nos falta en el país. El Gobierno de Jalisco sí ha apostado todo por ser lo que llama “la sede más mexicana” del Mundial de Futbol y lo ha hecho bien desde la lógica del espectáculo pero eso nos ha costado mucho dinero. Aunque a todos nos guste el espectáculo, tengo que decir que la cantidad de dinero documentada que se ha destinado a conciertos, festivales y espectáculos por parte del Gobierno estatal, es inaudita cuando se le compara con la cantidad de dinero que se destina a resolver nuestros problemas cotidianos, desde la mala calidad del agua y el transporte público, hasta la crisis de desaparición de personas. La periodista del periódico “Mural”, Rebeca Pérez Vega, solicitó información vía transparencia para documentar que, en Jalisco, la Agencia Estatal de Entretenimiento recibió para este año un presupuesto de 531 millones de pesos, diez veces más que el presupuesto del Fondo Estatal de Desastres que es de 50 millones de pesos. Casi tres veces más que el presupuesto de la Vicefiscalía de personas desaparecidas que es de 135.3 millones de pesos al año. México vive un ambiente festivo sin duda, pero la alegría no tiene que dejar de lado el pensamiento crítico y también hay otras cosas que han pasado durante este Mundial. Diversos colectivos de búsqueda de personas desaparecidas, se han manifestado en las cercanías de los estadios de este país. Antes que la empatía de los mexicanos, fueron primero abrazados por la afición sueca en un gesto inconmensurable de empatía y amor. Los medios de comunicación internacionales han dado cuenta de nuestra festiva afición, pero también del otro lado de nuestro drama, las personas que nos faltan y que no sabemos quién les busca o dónde están. Nuestra tragedia nacional son las personas desaparecidas, pero el dolor y la exigencia de paz durante la fiesta deportiva, trasciende naciones. Irán, una nación que fue obligada a permanecer en Tijuana para viajar y regresar de forma inmediata a sus partidos en Estados Unidos, escribió un mensaje y lo dejó colocado en los vestidores que ocuparon en un estadio del país con quien está en guerra. Los jugadores de la selección escribieron, #168 #Minab en referencia al bombardeo en febrero de este año, a una escuela primaria en la ciudad de Minab donde 168 personas murieron. “Llegamos con orgullo, competimos con honor, nos vamos con dignidad”, escribieron de su puño y letra. La selección de Irán ha agradecido en múltiples ocasiones a la población de Tijuana por su hospitalidad y cariño, al grado en que el gobierno de dicha nación, publicó un video con legos y una canción que se vertebra por un anhelo: que la paz, el respeto y la amistad prevalezcan entre todas las naciones. “Nos han tratado como humanos, México es un trozo de paz”, dice la canción. Qué decir del legendario emblema de la Copa Africana de Naciones, Michel Kuka, mejor conocido como Lumumba Vea, un hombre que en honor del líder congoleño Patrice Lumumba se presenta en los partidos de su país sin moverse un solo segundo en señal de protesta por el asesinato cruel de este líder y la situación actual de la guerra en su país. Estos días del Mundial, han sido sin duda una fiesta, pero también una enorme afrenta para la paz y la convivencia entre las naciones. Desde mi perspectiva, no hemos visto suficientes símbolos de protesta por diferentes causas, yo diría que la visibilidad del Mundial podría dar más, pero han decidido no politizar el juego. En el mes que resta por jugar, nos queda mucho por ver. Este Mundial debería ser el mundial de la exigencia de la paz y el respeto que nos debemos todos en el mundo.