Sábado, 24 de Octubre 2026

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El humo de Tesla y la maravilla de Porsche

Por: Sergio Oliveira

El humo de Tesla y la maravilla de Porsche

El humo de Tesla y la maravilla de Porsche

El mundo se dejó deslumbrar por Elon Musk, nuevamente. Con el Tesla Roadster, la fantasía de muchos de tener un auto volador finalmente se vio, si no realizada, al menos más cercana. Claro, primero hay que decir que no es realmente un roadster, porque no es convertible. Además, sus vuelos son tan cortos que decir que salta sería más correcto. Pero, a diferencia de los autos voladores que llegaron antes, el Tesla es un auto, no un dron o un avión con base de auto, como algunos, ni un auto con alas plegables, como otros. Esos, sin embargo, no son sus mayores pecados.

Su mayor defecto es haber eclipsado el lanzamiento del que probablemente sea el mejor coche presentado en el año: el Porsche Mission S.

Al contrario del Tesla Roadster, que tuvo un retraso de nueve años —sí, leíste bien, nueve años— para su presentación, más lo que falta para su lanzamiento, el Mission S fue diseñado en tan solo ocho meses. Cuando Tobias Sülhmann llegó al puesto de jefe de diseño de Porsche, en febrero pasado, fue llamado por el jefe ejecutivo de la marca, Michael Leiters, quien le dio la tarea de desarrollar un deportivo que estará en la gama de la marca por encima del 911. No era una tarea menor. Es la primera vez que Porsche hace un auto por encima de su modelo más emblemático sin que sea una edición especial limitada. El más reciente fue el 918, del que se hicieron, bueno, 918 unidades.

Sülhmann hizo un trabajo extraordinario. Con líneas de una limpieza absoluta, diseñó un coche como debe ser en una marca que nadie necesita: de ensueño. Si la Cayenne la salvó de la muerte para permitirnos seguir deseando un 911 y la Macan aumentó su volumen de ventas lo suficiente como para soportar el fracaso de sus eléctricos, los autos que hacen de Porsche lo que es son los deportivos. Y el Mission S es un deportivo hermoso, que a mí se me antoja tener incluso sin necesidad de conocer sus especificaciones. Y hay un detalle que lo hace importante para toda la industria automotriz.

Sin pantalla. Muchas gracias

Por fuera, el Mission S, cuyo nombre definitivo aún es un secreto muy bien guardado por la marca, tiene elementos que claramente muestran que es un Porsche, como los faros ovalados que se meten un poco debajo del cofre, una especie de homenaje a la generación de los faros de “huevos rotos”. La trasera es musculosa y el alerón integrado puede subir dependiendo del manejo.

Las calaveras no están unidas, pero insinúan esa unión gracias al nombre de la marca, ubicado entre ellas y con letras ligeramente más robustas. Estas, por cierto, se integran a una delgada línea que rodea todo el auto, pasa por los costados y termina en los faros. La fe en el diseño occidental de autos está restaurada.

Lo mejor de todo es que será analógico y no eléctrico. Probablemente habrá versiones híbridas. Tendrá motor central, tracción trasera, caja manual —sí, también habrá automáticos— y, lo más interesante, atrevido y agradable, no tendrá ninguna pantalla. En su lugar, habrá instrumentos analógicos, como el tacómetro y el velocímetro, que podrán incluso acercarse al piloto en ciertas circunstancias. ¿Lo mejor? Los clientes así lo pidieron. Porsche, afortunadamente, los escuchó. Habrá un lugar, incluso con imán, para que puedas poner tu celular y mantener esa adicción a las pantallas que tenemos todos, pero lo importante será conducir, escuchar el motor detrás de tu cabeza y disfrutar un auto como solo Porsche es capaz de hacer.

¿Precio? Si tienes que preguntar, es que no puedes pagarlo.

Hay otros detalles tecnológicos importantes, y el hecho de que se haya desarrollado tan rápido muestra que sí se quiere pelear contra los chinos, pero pienso que la ausencia de pantallas es el más significativo. Cuando Bugatti lanzó el Tourbillon, con una minipantalla retráctil y todos los demás instrumentos analógicos, estaba diciendo al mundo que un reloj digital jamás será refinado. El Mission S refuerza esa postura. Mañana, el que piense que la enorme pantalla de Tesla es sinónimo de tecnología de punta estará, finalmente, fuera de moda.

Las pantallas son útiles para las cámaras de reversa, pero estorban el buen manejo al obligarnos a quitar los ojos de la carretera. A partir de ahora, también serán sinónimo de autos baratos y de gusto dudoso. Aplausos por eso.

oliveiraserg@gmail.com

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