Domingo, 03 de Mayo 2026

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El destejido social y Estados Unidos

Por: Armando González Escoto

El destejido social y Estados Unidos

El destejido social y Estados Unidos

El fatídico 22 de febrero lo fue no porque hayan capturado y matado al líder de un conocido cártel delincuencial, sino porque a partir de esa fecha nada parece haber cambiado, al menos en el Estado de Jalisco.

Nuestro estado tiene 12 regiones, y hasta el momento presente la situación en estas no se ha modificado sustancialmente. El cártel sigue comprando, a fuerza o de manera “voluntaria”, granjas, ranchos, tierras, propiedades, etcétera. De igual manera, sigue incorporando nuevos elementos por cualquiera de las dos vías conocidas: por leva forzosa o por libre contratación; hay incluso lugares en que las madres de familia piden a la “maña” que se lleve a sus hijos, pues los prefieren delincuentes reclutados por ellos que ladronzuelos libres; además, la “maña” ofrece mayores dividendos.

En consecuencia, los flamantes campus de la UdeG en el medio rural observan cómo sus alumnos vienen más de otros pueblos que de sus sedes, copadas y seducidas por la delincuencia organizada. ¿Qué adolescente o joven de dichos lugares quiere estudiar si puede ganar dinero haciendo trabajos más rentables?

El quiebre educativo de estas generaciones traerá consecuencias serias para el país, en primer lugar por el estancamiento que supone quedarse con estudios de primaria o, cuando mucho, de secundaria; además, enrolarse en actividades que no ofrecen ni para el presente ni para el futuro ningún tipo de prestaciones condena a sus operarios a seguir delinquiendo de por vida y terminarla en la mendicidad, si es que antes no los matan. La riqueza fabulosa no es para la tropa, es solo para los altos mandos, pero el retraso educativo es para todo el país.

Por otra parte, el golpe sobre todos los centros de producción sigue siendo brutal e inalterado; lo he visto en todas las regiones con mayor o menor incidencia, porque la maña lo gobierna todo: distribuye y cotiza los productos, les impone aranceles, controla los mercados locales, la transportación de mercancías, fija los precios, ejerce “justicia” sin trámites ni rodeos, interviene ferias y fiestas civiles y religiosas, da y niega permisos de lo que sea, y su estructura organizativa, efectiva y sorprendente, se mantiene boyante. Mantienen vigilado a todo mundo y, en caso de necesidad, afectan a quien sea, sembrando las carreteras con ponchallantas, todo a setenta días de la desaparición del famoso capo, lo cual confirma cuánto al respecto se había ya previsto: sacar del juego público a un capo no significa suprimir su estructura delincuencial, solo favorece la renovación de sus cuadros.

Qué bueno que tuvimos la visita del alto comisionado de la ONU, organismo al que nadie le hace caso, ni los países de las grandes ligas ni los de las ligas enanas. Que el gobierno mexicano negara, matizara, tratara de equilibrar o presentara sus estadísticas es asunto en que ni el gobierno mismo cree, mucho menos el comisionado, confrontados todos con la evidencia cotidiana de que las levas delincuenciales siguen operando, llenando al país de delincuentes activos y de fosas clandestinas, un escenario de horror que nos sitúa entre las naciones más brutales del planeta.

Ahora se abre un nuevo episodio de esta interesante serie: la justicia norteamericana pide la extradición de un gobernador en funciones y de algunos de sus colaboradores y aún posibles sucesores. ¿Cómo le hacen nuestros gobernantes para no darse cuenta de lo que hacen sus colegas, cuando medio país lo sabe, y del otro lado también? Entre el manido discurso de la soberanía y las evidentes intenciones intervencionistas, quien sigue sufriendo en México es la gente, y nuestra mayor derrota es que, hasta la fecha, no hemos podido resolver el problema de inseguridad nacional que tenemos.

armando.gon@univa.mx

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