Sábado, 06 de Junio 2026

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El anarquista liberal (II)

Por: Alonso Solís

El anarquista liberal (II)

El anarquista liberal (II)

Leemos y releemos a Borges por el placer que se desprende de sus ficciones, por la cualidad poética de su obra y por su insólito y eficaz lenguaje literario que roza la perfección («el cóncavo recuerdo», «la unánime noche»).

No fue un pensador político, ni tampoco (fuera de algunos artículos contra los nazis y los nacionalistas) un intelectual. Sin embargo, las posiciones de Borges —acusado a menudo de europeísta y extranjerizante— resultaron más sensatas que las de escritores «comprometidos» que pergeñaron odas a Stalin o justificaron al Gulag como mal necesario frente al monstruo capitalista.

LEE: El anarquista liberal (I)

En una época en que muchos intelectuales y artistas latinoamericanos sucumbieron al virus del comunismo autoritario, Borges se mantuvo escéptico de los colectivismos de izquierda y de derecha. Es verdad que coqueteó con algunos regímenes militares y aceptó una condecoración de Pinochet (lo que le costó, según dicen, el Nobel). Sin embargo, Borges no sólo reconoció este error, sino que respaldó a las Madres de Plaza de Mayo y condenó la brutal represión de la última dictadura argentina (1976-1983).

Frente a tantos escritores que sacrificaron su autonomía en el altar del Partido, Borges se mantuvo siempre independiente y comprometido con su arte (incluso su afiliación al Partido Conservador se debió a razones más literarias que políticas: «los caballeros sólo se suman a las causas perdidas»).

Su defensa del individuo frente a la tribu; su rechazo de las dictaduras, nacionalismos y cultos a la personalidad; su pacifismo y escepticismo; su reivindicación de la libertad del artista y su universalismo ético y estético son actitudes que, a cuarenta años de su muerte, y en plena era neopopulista, han cobrado una renovada vigencia.

Leamos a Borges. Pacheco no exageró cuando dijo que «Si uno no se deja desalentar por la apariencia de los textos de Borges —sus nombres, sus títulos de libros, sus alusiones—, si no dice: «Cómo voy a leerlo si no sé nada de filosofía ni de historia argentina»; si se anima a leerlo de verdad y sin prejuicios, tendrá, puede estar seguro, una de las experiencias centrales de su vida» (Jorge Luis Borges, Tusquets, p. 132).
 

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