Sábado, 06 de Junio 2026

LO ÚLTIMO DE Ideas

Ideas |

El auto que me eligió a mí

Por: Sergio Oliveira

El auto que me eligió a mí

El auto que me eligió a mí

Fue imposible contener esa lágrima cuando el avión despegó de Guadalajara. Miraba yo la ventana y veía la ciudad en la que viví los 36 años más recientes de mi vida, que me recibió como un hijo más cuando llegué a ella en enero de 1990. 

Si bien sabía que no era un adiós definitivo, sino un hasta luego, también estaba consciente de que era la primera vez en la que estaría un año sin vivir ahí, aunque no sin visitarla. Diez horas más tarde aterrizaba yo en Madrid, que será mi casa de aquí a mayo de 2027, con mucha ilusión de ver, conocer y aprender de todo, principalmente, claro, de coches.

Estar en España ahora me hizo recordar esos primeros días en Guadalajara, cuando miraba hacia todos lados intentando absorber el universo a mi alrededor, con autos muy diferentes a los que estaba yo acostumbrado en Brasil. 

En el México de esa época circulaban autos inmensos -en mi punto de vista- la gran mayoría estadounidenses y eso me llamaba mucho la atención. Autos como el Mercury Grand Marquis, que todos decían que era un Ford. 

Otros, como el Impala o el Montecarlo. ¡Y los Chrysler! Cómo me gustaban los Chrysler. Con un amigo de mi suegro conocí el Phantom, un hermoso coupé que “hablaba”. 

Mi esposa tenía un Malibú coupé, V8, verde, modelo 1978, si no me falla la memoria. Ese magnífico motor, sin embargo, no era compatible con nuestros ingresos y tan pronto fue posible lo cambiamos por “una” Caribe, que era como se bautizó en México la primera generación del Golf.

Y digo “una” porque, en “Guanatos”, Caribe era una hembra. Más tarde tuve un Cavalier, Contour, Chevy, Camry, Rav 4, 325, X1, 3008, 5008, Jac Sei 7, Mazda CX-5, Stepway, Figo, Onix y, el último a mi nombre, un SLK 2006. 

Disfruté de todos a su manera, pero claro, la vida me puso en el camino de manejar muchos, muchos autos más, a un ritmo que, a finales de la primera década de este siglo era de tres o cuatro autos distintos por semana. Ahora, al llegar a Europa y buscar un auto, lo difícil sería elegir cuál, dentro de lo que puedo pagar, obviamente. O eso pensaba.

España no quiere venderte un auto

Íntimamente, me sentía decepcionado por el hecho de que Citroën, una marca a la que siempre admiré principalmente por diseño, no viviera su mejor momento. 
Aun así, consideré buscar un C3 AirCross Mild Hybrid. Pero la primera agencia que visité fue Renault, ya que el Symbioz me hacía ojitos. Yo quería un híbrido, por tener más facilidades de circulación, sin llegar a un eléctrico que aún aquí, sigue sin ser recomendable. 

Media hora dentro de la agencia sin que ni un solo vendedor se acercara y, al ser buscados me dijeron: “Un momento” y siguieron en su llamada por celular, me hicieron salir. 

Luego, fui a Toyota. Ahí la idea era un Yaris Cross. Todo bien, pero mi estatus migratorio implicaba, supuestamente, un impedimento, ya que sin licencia de manejo española no sería posible asegurar el auto. Más tarde, vi que no era cierto, pero la vendedora de Toyota nunca se tomó la molestia de hablar con su agente de seguros, imaginando que conoce a uno. Intenté otra vez Renault: “¿Ya está empadronado?”, me preguntaron. Ante la negativa, otra vez se me fue el Symbioz. Vi un par de usados. Un Yaris 22, que no quise por bajito y un Lexus UX también 22, que necesitaba reparar todo el frente por un golpe y era negro.

Ya tenía yo tres semanas en Madrid. Las dos primeras conduciendo un Opel Mokka, que es como la Peugeot 2008, luego una Hyundai Kona, rentada, que traigo hasta ahora. 

Decidí ir a una Mazda e intentar una CX-30 Mild Hybrid. Una vez en la agencia, nuevamente no había nadie disponible para atenderme. Quiso el destino que, al lado, estuviera una agencia Honda (Onda, lo pronuncian aquí) y en ella no solo había una versión del Jazz (que conocimos como Fit) llamada Crosstar, sino un vendedor atento y con ganas de trabajar. 

En menos de 10 minutos ya estaban los papeles y en una semana, por trámites de placas y seguro, ya lo deberé tener. Fue como cuando la mascota escoge a su dueño, compré el auto que se dejó vender, no mi primera opción. En atención al cliente, México va ganando. Ya les contaré más de esta aventura europea.

Temas

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones