Este vital líquido requiere un tratamiento muy puntual y responsable para evitar las consecuencias que ya estamos viviendo.La emergencia que surgió en este mes de octubre se agravó con la suspensión anunciada del suministro de agua procedente de Las Pintas, sobre todo por problemas de contaminación.Seguimos dependiendo de Chapala, mientras persisten la presión sobre los acuíferos, una infraestructura envejecida y una capacidad reducida para transportar el agua. Todo esto puede impedir que llegue a los hogares agua limpia y suficiente.Además, hay una paradoja muy interesante. El pavimento de las calles de la metrópoli acelera el escurrimiento del agua y reduce su infiltración al subsuelo. Los drenajes se saturan y diversas zonas de la ciudad se inundan. Así, este precioso líquido se ensucia y desaprovecha, aunque después se necesita durante los periodos de sequía.Sin duda, la prioridad es controlar las descargas de contaminantes, asegurar la potabilización del agua, medir las pérdidas y reparar las fugas en todos los tramos críticos que impiden su adecuado suministro.Sí ha habido algunas promesas incumplidas y ciertos antecedentes de manejo indebido de los recursos. Desde la administración de Francisco Ramírez Acuña, quien anunció en 2002 que para 2005 Chapala dejaría de ser el principal proveedor de agua de Guadalajara, aunque sigue siendo la fuente principal 24 años después. El proyecto de Arcediano fue descartado en 2009. Con Aristóteles Sandoval se prometió que El Purgatorio estaría terminado en 2016, aportaría 5.6 metros cúbicos por segundo y proporcionaría agua durante 30 años. Sin embargo, en 2021, el nuevo esquema federal y estatal para llevar agua del río Verde excluyó El Purgatorio.Se pueden comprender y justificar los incumplimientos, como los anteriores, tanto por razones técnicas como por sus costos y afectaciones sociales.Pero los hechos actuales nos hablan de agua sucia y desabasto.Si a todo lo anterior le agregamos un enorme crecimiento urbano, con miles de nuevas viviendas que se aprobaron sin tener la garantía de un suministro suficiente, se confirma la falta de planeación y, tal vez, la existencia de acuerdos al margen de los reglamentos municipales, por lo que habrá que revisar los expedientes correspondientes.Se arrastran algunos compromisos incumplidos, importantes omisiones en la atención oportuna del problema y algunas irregularidades financieras. Promesas sin resultados. Finalmente, las autoridades no han hecho lo suficiente para prevenir los problemas que se están agravando y que pueden complicarse durante el estiaje del próximo año.Me quedo con la reflexión del inicio de este artículo: una ciudad con exceso de inundaciones durante las lluvias y creciente escasez de agua en los periodos de sequía.El problema es que los hogares tendrán que enfrentar la escasez de este preciado líquido y, sobre todo, los problemas de calidad del agua para consumo.A ver qué se nos ocurre hacer para resolver este asunto de la mejor manera posible y con eficacia, sin caer en promesas.En este gobierno actual hay una nueva esperanza.dellamary@gmail.com