Lunes, 09 de Marzo 2026

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Trump: Guerra a los cárteles, ¿y luego?

Por: Diego Petersen

Trump: Guerra a los cárteles, ¿y luego?

Trump: Guerra a los cárteles, ¿y luego?

Acompañado de los líderes latinoamericanos identificados con la derecha, el presidente estadounidense lanzó la advertencia (burla incluida a la Presidenta Claudia Sheinbaum) de que Estados Unidos quiere acabar con los cárteles de la droga en América Latina y particularmente en México. Como propósito suena bien, cualquier cosa que esté en contra de la violencia y el control territorial que ejercen los grupos de crimen organizado es digno de tomarse en cuenta. Pero más allá del rollo simplón y envalentonado, ¿cuál es el plan?

Acabar con los cárteles de la droga no acabará con el consumo ni en Estados Unidos ni en ninguno de los países latinoamericanos. Todos los países, tanto los mencionados como exportadores como aquellos cuyos presidentes aplaudieron como focas el plan Trump, tenemos en mayor o menor medida un problema de consumo. Por supuesto que ninguno como el vecino del Norte. ¿Cuál es el plan? ¿De verdad creen que desaparecerá la demanda cuando baje la oferta?

Una opción es que el presidente estadounidense esté pensando en una especie de reorganización del mercado, sacar a los grupos actuales cuyo esquema genera demasiada violencia para crear otros, controlados desde Estados Unidos y con nuevos patrones, que muy probablemente serán estadounidenses y cercanos al Gobierno actual. La pregunta es cómo van a dirimir sus diferencias estos nuevos señores de la droga si no tienen opción de acudir a las instituciones de justicia. Pues a balazos. Y cómo será la competencia si no hay reglas de mercado ni instituciones reguladoras. Pues a la fuerza. En esta opción el negocio solo cambia de manos y la violencia de lugar (por mí que se lleven ambas cosas).

Una segunda opción, de la que Trump nunca ha hablado, es la legalización. Estados Unidos tiene experiencia en esto, pues fue la legalización del alcohol lo que permitió reducir la violencia que se vivió en ese país tras la prohibición en los años veinte y treinta del siglo pasado. Legalizar las drogas parte de un principio liberal, que cada persona sea libre de meterse lo que quiera por nariz, boca o vena, pero que pague impuestos suficientes para que no sea la sociedad la que cargue con los costos de las afectaciones que sí tiene, y por montón, el abuso de sustancias y exista un control de calidad. Y por supuesto, controles para que no se dañe a terceros. Esto último es mucho más complejo de regular, son normas que no suelen ser muy eficientes, y no sería muy distinto a lo que ya pasa ahora.

La tercera opción es legalizar ciertas sustancias, pero con control del Estado, siguiendo el modelo que utilizó Canadá para el consumo del alcohol. Hay que decir que este esquema favorece a las instituciones estatales, pero no reduce el consumo: los niveles de alcoholismo en Canadá son muy similares, incluso un poco mayores, a los de Estados Unidos.

Está bien declarar la guerra a los cárteles, siempre que se haga en conjunto con los países afectados. Pero ¿y luego? Ahora sí que no nos vayan a salir como el pacheco que convenció a los amigos de fumarse un gallo. 

-¿Y luego?, le preguntaron emocionados. 

- Y luego que de qué o qué. Tú atízale.

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