Miércoles, 27 de Mayo 2026

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De populismo, víctimas y libertad de expresión

Por: Diego Petersen

De populismo, víctimas y libertad de expresión

De populismo, víctimas y libertad de expresión

Detesto la línea editorial de TV Azteca; no estoy de acuerdo con las prácticas empresariales de Ricardo Salinas Pliego, que me parecen francamente antiéticas, y al personaje autodenominado “Tío Richi” en redes sociales lo considero abominable, misógino, clasista, racista y profundamente sangrón.

Estoy cierto de que las dinámicas de redes sociales y los famosos influencers, trolls, bots y particularmente los arrastrados que, en las mañaneras y en todas las instituciones de los diferentes niveles de Gobierno, se las dan de periodistas porque emiten opinión siempre con cheque de por medio, han hecho un daño terrible al periodismo y a la vida pública en este estado, en este país y en todo el mundo.

Dicho esto, tengo que decir que la declaración de la Presidenta Sheinbaum de “no vean TV Azteca”, así como el punto de acuerdo de las diputadas y diputados jaliscienses para “pedir respeto a la función parlamentaria” y “frenar campañas de desprestigio”, me parecen ambas un despropósito típico del populismo autoritario.

Una de las características del populismo es convertir a los gobernantes en víctimas. Siempre hay un complot que los amenaza, poderes del pasado que se oponen a su noble labor y, peor aún, ciudadanos que les impiden realizar correctamente su trabajo. Ahora resulta que la Presidenta y la llamada 4T son víctimas de un complot y la titular del Estado mexicano exige derecho de réplica; ahora resulta que las y los diputados jaliscienses se sienten presionados y piden respeto a su trabajo.

Hay que partir del hecho de que los derechos son de los ciudadanos. Las instituciones del Estado, llámense Gobierno, cámaras, cortes o partidos, lo que tienen son obligaciones y atribuciones, no derechos. Hay instituciones de la sociedad civil o empresas, como iglesias, comités, asociaciones civiles o medios de comunicación, que no son sino agrupaciones de ciudadanos para ejercer de manera colectiva un derecho que tienen en lo individual.

Convertir a la Presidenta o a los diputados en víctimas es, además de un despropósito, una de las estrategias del populismo para anular derechos ciudadanos. La Presidenta puede dar la información que crea conveniente para sustentar sus actos de Gobierno y sus decisiones en un debate abierto, pero los derechos existen para defendernos a los ciudadanos del poder, no para que el poder se imponga pisoteando a los ciudadanos.

Podemos estar de acuerdo o no con tal o cual opinión que se vierta en el espacio público, hoy amplificado y enrarecido por las redes sociales. Urgen organizaciones de la sociedad civil, no del Estado, que evalúen y desnuden los intereses detrás de cuentas de X o medios de comunicación; urge profesionalizar la función periodística en las nuevas condiciones de producción y difusión, pero jamás será aceptable la más mínima censura o límite a la crítica que venga desde el Estado.

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