En mis épocas de preparatoriano, una de las paradojas de la lógica se nos explicaba con el silogismo que decía: Todos los políticos mienten. Si un político dice que es un mentiroso, ¿está diciendo la verdad? Exactamente lo mismo podemos aplicar al caso de la CIA. Los agentes de la agencia de inteligencia estadounidense tienen que negar que participan en una operación, pues por definición sus acciones son secretas y, en su mayoría, ilegales; por lo tanto, no pueden aceptar que las hagan. Todos los agentes de la CIA mienten. Son fantasmas, de esos que no existen, pero de que los hay, los hay, y que, otra paradoja más, solo existen cuando mueren, como en el caso de Chihuahua.De que la CIA opera y ha operado en México nadie tiene la menor duda. La única diferencia es que ahora son noticia, y eso es kriptonita pura para la Presidenta y para el súper secretario García Harfuch. La narrativa se les salió de control por un pésimo manejo político del caso Chihuahua. Al Gobierno del Estado fronterizo lo están acusando de permitir la presencia de agentes de la CIA. Mientras el secretario de Seguridad exoneró a las primeras de cambio a la gobernadora panista, Morena decidió que era una buena historia para desgastar al Gobierno de Maru Campos de cara a las elecciones, acusarla de vendepatrias y empatar los cartones por el caso Rocha y amigos. La respuesta de la CIA, que no de la derecha mexicana (seamos honestos, nadie en el PAN tiene esa capacidad de operación), fue filtrar que ellos estaban detrás del asesinato de Francisco Beltrán “El Payín” a través de una bomba colocada en su auto y que explotaron mientras conducía.La discusión se ha centrado en las versiones: la cadena de televisión CNN dice que fue un acto operado directamente por agentes de la CIA; el diario The New York Times dice que solo asesoró el atentado, y la Presidenta lo niega. El problema de fondo es que estamos hablando de una ejecución extrajudicial. Sí, con o sin asesoría de la CIA, alguien del Gobierno puso una bomba en el auto de un criminal para eliminarlo. Estamos hablando de que el Estado mexicano decidió matar en lugar de detener a un criminal, en el contexto de un cambio radical en la estrategia del Gobierno mexicano frente al crimen organizado. No podemos obviar que en la reciente detención y “abatimiento” de Nemesio Oceguera, “El Mencho”, donde agentes extranjeros participaron como “observadores”, según versiones no oficiales, jamás supimos exactamente cómo y cuándo murió el capo, solo que falleció en el helicóptero. Nunca mostraron el cadáver ni la autopsia.La Presidenta se metió en una telaraña discursiva de la que será muy difícil salir. A quien más le conviene que la CIA en México no sea tema de conversación es a ella misma y a su secretario favorito.Sin embargo, si algo ha quedado claro esta semana con el secretario de Educación, Mario Delgado; la nueva consejera jurídica, Luisa María Alcalde; por no decir Rocha e Inzunza en Sinaloa, es que en este momento en el Gobierno no hay coordinación ni gobernación, y cada uno hace, dice y decide lo que quiera.