El tren le cambió la vida a la ciudad. Cuando el 15 de mayo de 1888 entró por primera vez el tren que venía de la Ciudad de México todo fue fiesta. Era un punto de quiebre en la historia de aquella Guadalajara que hoy veríamos como un pueblote de apenas 200 mil habitantes. El tren, que redujo el trayecto a la capital a solo 36 horas de viaje, modificó también la fisonomía de la ciudad. Se rompió la sagrada cuadrícula de las calles tiradas a cordel en manzanas de 80 metros de Norte a Sur y de este a oeste para alinearse a la modernidad: el tren. Las Colonias Moderna y Americana fueron las primeras en adoptar las vías como referencia de alineación. El tren aumentó su comodidad y velocidad (hacía “sólo” doce horas… en las raras ocasiones en que todo salía bien) y vivió muchos años. Murió en los noventa de inanición y de falta de competitividad frente a los aviones que lograron reducir el trayecto entre Guadalajara y la capital a tres horas y media de punto a punto (salías de tu casa a las 6:00 de la mañana y a las 9:30 estabas en la primera reunión de trabajo) y el autobús, que hacía siete horas, con varios horarios, más certeza en la llegada y a menor costo.El anuncio de Claudia Sheinbaum de que en 2027 iniciará la construcción del tramo León-Guadalajara, el cuarto y último de un corredor Ciudad de México-Querétaro-Irapuato-León y de ahí a la capital jalisciense, representa un viejo anhelo de recuperar el tren de pasajeros. El reto sigue siendo el mismo: competir contra el avión y el autobús de pasajeros. El transporte aéreo se ha complicado de tal manera que hoy es prácticamente imposible hacer el recorrido de punto a punto en menos de cinco horas (una hora de traslado al aeropuerto de Guadalajara, una hora de espera, hora y media dentro del avión y otro tanto para llegar al destino en Ciudad de México, si todo sale bien) mientras que el autobús redujo su tiempo y aumentó su comodidad. Para logar competir, el proyecto del nuevo tren tuvo que cambiar la ruta original, Irapuato-La Piedad-Guadalajara y hacerla por León. Ello implica construir una línea nueva por los Altos de Jalisco, y no solo rectificar viejas líneas como en los otros tres tramos. Pero, sobre todo, tomar la decisión de meter el tren por Lázaro Cárdenas, desde Tonalá hasta la vía de ferrocarril actual en la Nogalera. Además de conectar a tres de las cinco grandes zonas económicas del país, el tren debe ser también un conector de la economía regional, de ahí la importancia de decidir la ruta en función de estudios de origen y destino y no de criterios políticos, o peor aún, de corazonadas de quien cree que todo lo sabe, como se hizo en el Tren Maya.Ahí viene el tren, la pregunta nunca es cuándo inicia una obra, sino cuándo termina.