La administración pública no es la misma hoy que hace un siglo. Fuimos aprendiendo a gestionar mejor, y la corrupción, por supuesto, se ha ido sofisticando. Las normas, todas, aun las más absurdas, respondieron a la necesidad de evitar un abuso o se hicieron para proteger a la población de decisiones arbitrarias del Gobierno y el poderoso en turno.La refinería de Dos Bocas es un catálogo de cómo no se debe hacer una obra pública. Con la excusa, siempre cierta, de que la corrupción reinaba en nuestro país, el soberano en turno decidió brincarse todas las normas.No hubo un estudio de pertinencia. A pesar de que los expertos no recomendaban hacer una refinería en la cuenca del Golfo, pues había demasiadas, el presidente López Obrador nos dijo que él sabía más que el resto y que la soberanía energética estaba por encima de cualquier consideración económica. Los expertos insistieron en que la obra costaría el doble de lo que él había calculado. O el presidente no sabía que no sabía, o nos engañó con esa facilidad para mentir que tienen los políticos. La refinería efectivamente costó el doble de lo calculado, duró el doble de tiempo de lo estimado en construcción y sigue sin funcionar a la capacidad prometida.Para acelerar los procesos, cosa que encima ni siquiera sucedió, decidieron exculpar a esta obra de “seguridad nacional” de todos los estudios de impacto y seguridad. A pesar de la advertencia de los ecologistas de los riesgos de que se construyera una refinería sobre un estero, que son los vasos reguladores más importantes en la costa y particularmente en esa zona de Tabasco, el presidente los ignoró, los maltrató y los trató como opositores. Por supuesto, nunca hubo un proyecto ejecutivo, algo que los políticos de hoy consideran un gasto y retraso innecesarios. La obra se fue haciendo sobre la marcha, al leal saber y entender de los cuates que supuestamente sabían. Hoy resulta que la refinería tiene serios problemas de drenaje.Una de esas típicas lluvias “atípicas”, hoy tan de moda en el lenguaje político, causó un incendio y provocó la muerte de cinco personas. Fallas en el drenaje arrastraron aceites a la zona del estero y se incendió. ¿Quién se hace responsable de esas muertes? Podemos apostar doble contra sencillo que la Fiscalía General de la República concluirá que el responsable es Tláloc, porque aquí sí está complicado involucrar a García Luna.Dos Bocas es un catálogo de lo que no hay que hacer. Uno de los virajes que está haciendo el Gobierno de Claudia Sheinbaum es tratar de regresar a la profesionalización de la administración pública, pero será muy difícil mientras la prioridad siga siendo no solo cubrir, sino hacerse cargo de los errores del Gobierno de su antecesor.diego.petersen@informador.com.mx