Domingo, 14 de Junio 2026

LO ÚLTIMO DE Ideas

Ideas |

Coyunturas por las que asoma la estructura

Por: Augusto Chacón

Coyunturas por las que asoma la estructura

Coyunturas por las que asoma la estructura

De los gobernantes, género indistinto, se sospecha que conocen lo que sus gobernados —en esta condición caben mujeres, hombres, niñas y niños— desean, quieren o necesitan; esta sospecha se sustenta en que su búsqueda de votos para auparse a la condición de gobernantes se sustenta en ofrecer a los ciudadanos, prometerles, que eso que quieren y necesitan será atendido por ellos un minuto después de haber protestado cumplir y hacer cumplir… etc., si la cantidad de votos obtenida les resulta favorable.

Pero eso de que conocen lo que la gente espera es mera sospecha, y según el espíritu de las leyes no escritas que rigen la relación gobernantes-gobernados, todos los políticos —esta categoría contempla a mujeres y hombres— son culpables de falsedad hasta que sus hechos de gobierno demuestren lo contrario, cosa que ocurre en muy pocas ocasiones. Un ejemplo atmosférico porque contiene los ejemplos que cada cual pueda añadir: cualquier gobernante, del partido que sea o en términos de la actual vida partidista, de la cantidad de partidos de los que provenga, demuestra con sus dichos y sus hechos que lo que el pueblo en verdad ansía es que sus autoridades se dediquen a fomentar la polarización con el mecanismo: yo gané, quienes perdieron son mis enemigos y se los haré sentir valido del poder público y con el dinero del erario.

¿Y el diagnóstico que sacaban a relucir mientras estaban en campaña? Que espere: si las urnas se llenaron de votos a su favor significa que los ciudadanos les otorgaron licencia para hacer lo que se le pegue su “democrática” gana.

Y los derrotados les siguen el juego. Su programa en calidad de opositores es advertir a las personas sobre los yerros de quienes gobiernan, y ofrecer no que si llega la ocasión ellos lo harán mejor: su consigna es derrotar a sus contrarios por el mérito que ellos mismos pregonan, muy básico, que son distintos a los que detentan el poder, apoyados en la consigna: quien gobierna lo hace mal, de lo que se desprende, la experiencia lo ha enseñado a los gobernados, que lo que la oposición reclama es su turno para también regarla.

Hasta que los que con su dinero patrocinan el estéril circo político, la población que paga impuestos, mujeres y hombres, y aquí, gracias al IVA, nadie se escapa, de repente muestran que la política según la entienden sus ejecutantes profesionales no determina su estado de ánimo: la reacción festiva por el inicio del Mundial de futbol es una lección. Paréntesis en medio del texto que la clase, no, que la casta política escribe con sus andanzas que al cabo sí inciden, para mal, en las condiciones para que ese buen ánimo que brota, espontáneo, sorpresivo para quienes pretenden que la rebatiña por el poder sea el centro de la vida de todos, tenga un cauce adecuado, personal y socialmente adecuado.

Andanzas de los gobernantes que han propiciado la inseguridad, la escasez de justicia (y la que hay es mala), el deplorable estado de los espacios y servicios públicos, y la corrupción; a pesar de que, siguiendo el título del ensayo de Octavio Paz, el “Ogro” gesticule filantrópicamente con las dádivas que reparte, en dinero y en especie (digamos, útiles escolares), no varían las circunstancias de la baja calidad de vida, de la escasa democracia y del evanescente estado de derecho.

Tampoco el futbol logra que esas circunstancias mejoren, si acaso eleva la sensación de bienestar subjetivo por un rato. Sólo que, a diferencia de la vida política, el juego no pretende sino entretener a individuos que, casi sin notarlo, conforman identidades y comunidades efímeras, buenas para el goce y para que sus miembros reconozcan, casi sin notarlo, que las otras y los existen y que son parte imprescindible del juego: sin los demás el futbol pierde su razón de ser. Por esto, en medio de un país atravesado por problemas que parecen romperlo irremediablemente (uno de ellos, fertilizante de los otros, el bajo nivel intelectual y ético de los gobernantes que ignoran todo sobre la gente), resalta ese estado de ánimo compartido, merced al Mundial: no se ha diluido la voluntad por escapar a la polarización que sirve sólo a los fines de quienes persiguen el poder por codicia. En 1978 en el prólogo del libro “El Ogro filantrópico”, Paz escribió: “Hay un vacío en la vida política mexicana: el Gobierno y los partidos de oposición no han podido decirnos qué México quieren y con qué medios piensan alcanzar sus fines.” Y cuando, como en el caso de Fox y de López Obrador, son capaces de esbozar un México que estimula a la mayoría, al momento de ponerlo en práctica el Ogro-Estado es más potente que ellos: “Un amo sin rostro, desalmado y que obra no como un demonio, sino como una máquina”, la máquina a la que se montan, sigamos con Paz, “personas de irreprochable conducta privada, ejemplos de moralidad en su casa y en su barrio, no tienen escrúpulos en disponer de los bienes públicos como si fueran propios.”

La cuarta transformación amplió uno de los caminos de este patrimonialismo: hicieron de su propiedad el bien común que todavía eran las leyes, con un instrumento que llevan al nivel más alto: la mentira.

¿Habrá algún gobernante que haya notado el orden y las ganas de escapar a la realidad, de esa que ellos venden como la única, que el Mundial puso en la vitrina? Seguramente no, perderán, otra vez, la oportunidad de aproximarse a conocer a quienes gobiernan. Más bien se sospecha que concluirán que todo lo que el pueblo disfruta se debe a su venturosa gestión, por tanto, el verdadero problema del país permanece: sus rivales políticos.

agustino20@gmail.com

Temas

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones