Martes, 25 de Agosto 2026

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A Charros le faltóel fuuuaaa

Por: Salvador Cosío Gaona

A Charros le faltóel fuuuaaa

A Charros le faltóel fuuuaaa

Charros de Jalisco terminó su participación en la temporada veraniega al caer ante Toros de Tijuana. Lo hizo peleando, sin ser aplastado y manteniéndose competitivo frente al mejor equipo de la Zona Norte durante buena parte de la serie. Pero en playoffs eso no alcanza. En los últimos juegos disputados en Zapopan quedó una sensación clara: Charros tuvo oportunidades, pero no culminó bien la tarea; le faltó el fuaaaaa.

Ese ingrediente difícil de medir, pero fácil de reconocer cuando aparece: intensidad para ejecutar, temple para no regalar nada, bateo oportuno, defensa limpia, pitcheo capaz de responder bajo presión y, sobre todo, disposición para hacer bien las pequeñas cosas cuando una campaña depende de ellas.

El último juego lo resumió perfectamente. Charros y Toros llegaron empatados a dos carreras a la décima entrada y, apenas comenzando la parte alta, Franchy Cordero se fue sobre el primer lanzamiento de A.J. Puckett y lo mandó detrás de la barda para colocar a Tijuana arriba 3-2. Un lanzamiento, un swing y la serie volvió a inclinarse.

Charros todavía tuvo el cierre de la décima para responder. Logró colocar gente en las bases y mantener viva la posibilidad del empate, pero nuevamente faltó el batazo oportuno. Brett de Geus, el cerrojero de Tijuana, mantuvo el temple, consiguió los outs que necesitaba y terminó bajando la cortina. Ahí estuvo buena parte de la diferencia: Toros produjo cuando debía producir y cerró cuando debía cerrar.

Charros, en cambio, generó situaciones, pero demasiadas veces dejó gente esperando el batazo que nunca llegó. Mateo Gil, Willie Calhoun, Kyle Garlick, Gilberto Jiménez y compañía tuvieron momentos para responder, pero la ofensiva no encontró con suficiente frecuencia ese imparable que cambia un juego cerrado. No fue que no hubiera bateo; faltó que apareciera en el momento exacto.

Y tampoco fue únicamente asunto de la ofensiva. En postemporada pesa muchísimo el bullpen y, particularmente, el cerrojero. Tan importante como fabricar una ventaja es conservarla. Cuando los marcadores se aprietan y cada carrera vale oro, el relevista que entra en la séptima, octava o novena entrada puede terminar siendo tan importante como quien produjo las carreras.

Tijuana tuvo en de Geus un brazo capaz de recibir una ventaja mínima y convertirla en triunfo. Charros no encontró la misma consistencia. Su bullpen ofreció buenos momentos, pero también falló cuando menos margen había para hacerlo. Y en playoffs un relevo que no consigue los outs necesarios puede borrar en minutos todo lo construido durante siete, ocho o hasta nueve entradas.

No fue sólo lo ocurrido en el último cotejo. En los tres encuentros disputados en casa hubo momentos en los que Charros pudo inclinar la balanza y no lo consiguió. Perdió primero 2-1; después cayó 7-2 en un partido interrumpido por la lluvia y concluido al día siguiente, y finalmente perdió 3-2 en diez entradas. Los marcadores, salvo el segundo, reflejan una serie competitiva. Pero el béisbol no premia la cercanía: premia al que ejecuta.

Toros tuvo un desempeño mucho más sólido durante la temporada regular y llegó como favorito. Charros, en cambio, mostró demasiados altibajos e irregularidad entre sus distintas áreas. Avanzó a esta ronda de panzazo, gracias al sistema del mejor perdedor, y aun así logró ganar un juego en Tijuana y competirle al poderoso conjunto fronterizo. Eso tiene mérito, pero también hay que decirlo sin rodeos: Tijuana fue mejor y ganó bien.

No necesariamente porque haya sido infinitamente superior en talento durante estos partidos, sino porque hizo mejor las cosas importantes. Aprovechó sus oportunidades, ejecutó correctamente, cometió menos errores, produjo en los momentos decisivos y tuvo mayor contundencia desde el relevo. Eso es lo que distingue a un equipo ganador en playoffs.

Charros tuvo buenos momentos ofensivos, pero le faltó oportunidad; su pitcheo ofreció actuaciones valiosas, aunque no siempre consiguió contener al rival cuando era indispensable; y hubo errores y descuidos que en temporada regular pueden quedar como anécdota, pero en postemporada se convierten en condena. Ésa debe ser la principal enseñanza.

El verano de 2026 representa un retroceso respecto de lo conseguido un año antes. En 2025, Charros fue campeón de la Zona Norte después de eliminar precisamente a Toros y llegó hasta la Serie del Rey, donde Diablos lo barrió. Esta vez, el equipo nunca terminó de encontrar la regularidad necesaria y se despidió antes.

Ahora toca revisar el pitcheo, particularmente el bullpen; la profundidad del roster; la defensa; el bateo oportuno y la capacidad para ejecutar bajo presión. Sobre todo, habrá que construir para 2027 un equipo que no dependa de reaccionar cuando ya se encuentra contra la pared.

La afición respondió. Quizá el respaldo durante el verano no tuvo la intensidad que suele verse en la temporada invernal, pero el Panamericano tuvo ambiente, esperanza y gente dispuesta a acompañar a su equipo hasta el último out. Charros también peleó hasta el final. Eso se reconoce. Pero pudo haber dado más.

Y ahora viene prácticamente de inmediato otro capítulo. En menos de dos meses comenzará la campaña invernal 2026-27, terreno en el que Charros posee una estructura más sólida, títulos recientes y argumentos suficientes para volver a pensar seriamente en competir por el campeonato. Será otro equipo, otro torneo y otra historia.

Pero para el verano de 2027 habrá que aprender bien la lección.

Porque esta serie dejó algo muy claro: en playoffs no basta con jugar parecido al favorito ni con mantenerse cerca en la pizarra. Hay que producir cuando aparece la oportunidad, cometer los menos errores posibles, tener brazos capaces de obtener los outs importantes y, cuando llega la hora de bajar la cortina, tener quién ponga el cerrojo.

Toros lo hizo. Charros no siempre. Y ahí fue donde, finalmente, le faltó el fuaaaaa.

bambinazos61@gmail.com

@salvadorcosio1

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