Desde hace unas cuantas semanas, el ex presidente Andrés Manuel López Obrador regresó a la Ciudad de México. Dejó de sentirse seguro en su búnker en Palenque, resguardado por el Ejército y donde, si alguien quería hablar con él, tenía que visitarlo. El miedo de lo que Estados Unidos podía hacer con su hijo Andrés, de quien había trascendido que estaban investigando en Estados Unidos, ya no se contenía con el solo hecho de haberle dado una cobertura inicial cuando renunció a la Secretaría de Organización de Morena para un repliegue estratégico. Volvió para preparar nuevas estrategias y escuchar opiniones sobre qué podría hacer para protegerlo.Una de las consideraciones que se hicieron, cuando aún estaba en Palenque, es protegerlo enviándolo a un país “fuera del alcance” del Gobierno de Estados Unidos. Los únicos países que vieron se encontraban en esa condición eran Rusia y China, porque Cuba, Venezuela y Nicaragua no parecían opciones. Brasil tampoco era una alternativa, porque el presidente Luiz Inácio Lula da Silva tiene a su propio Andy, su hijo mayor Fábio Luís Lula da Silva, Lulinha, aunque a diferencia de lo que pasa en México, enfrenta una investigación por presunto tráfico de influencias y corrupción.No hay información del porqué pudieron haber desechado a Rusia y China, pero una fuente estadounidense sugirió que lo más probable es que rechazaran la petición porque difícilmente se embarcarían en una proxy war —que es enfrentarse de manera indirecta con su adversario— con Estados Unidos y abrir un nuevo flanco de guerra contra Washington. El país en el que finalmente pensaron fue Sudáfrica, y establecieron contacto con funcionarios de ese país para sondear la posibilidad, que ni siquiera llegó a formalizarse por el rechazo que tuvieron de origen.La intención de sacarlo del país se fue desvaneciendo porque había tres problemas centrales: irse del país sería un reconocimiento de culpabilidad; daría elementos de verosimilitud de su complicidad en actos de corrupción y tráfico de influencias denunciados en los medios, y mostraría algo que quieren ocultar en la familia de López Obrador, que es la debilidad profunda de no poder siquiera defender en México a los suyos. En una fuga hacia delante, como suele hacer López Obrador, Andy comenzó a hacer precampaña electoral en Tabasco, dejando el bajo perfil que había mantenido desde que se fue de Morena a finales de mayo.La dinámica en la familia del ex presidente cambió cuando el 13 de agosto publicó una carta dirigida al presidente Donald Trump en la cual reveló que le habían cancelado su visa, que había sucedido unos cinco meses antes, de lo que se enteró cuando le negaron la entrada a Houston, para visitar a su hermano mayor, José Ramón, que tras ese incidente, empacó y regresó a México, radicándose en la Península de Yucatán. Se desconocen los motivos por los que el ex presidente hizo pública una carta en esos términos, pero coincidió con que 48 horas antes, se supo que el general Gerardo Mérida había salido de la cárcel en Nueva York y había sido enviado a una casa de seguridad, que es un procedimiento para quienes han avanzado en su negociación para ser testigo cooperante.Mérida es uno de los 10 servidores públicos de Sinaloa, que encabeza el gobernador con licencia, Rubén Rocha Moya, acusados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos de ser cómplices del Cártel de Sinaloa. Una fuente reveló este fin de semana que Mérida había entregado información sobre la presunta relación de Andrés López Beltrán con Los Chapitos, en guerra interna en el Cártel de Sinaloa, y con quien Rocha Moya había pactado la traición al jefe del Cártel de Sinaloa, Ismael “El Mayo” Zambada.La carta de Andy provocó el apoyo del aparato de Morena en su totalidad, promovido por el coordinador de asesores de la Presidencia, Jesús Ramírez Cuevas, y por cuatro gobernadores de quienes se sabe están bajo investigación en Estados Unidos por sus presuntos vínculos con el crimen organizado. Pero intramuros, trascendió, López Beltrán se mostró sorprendido y preocupado por los efectos negativos que tuvo su carta, de la que informó a la Presidenta Claudia Sheinbaum cuando ya estaba publicada y sus temores regresaron a la realidad, en especial, que las investigaciones de su pariente y socio, Amílcar Olán Aparicio, que se fue de México hace tiempo y ha estado colaborando con los estadounidenses, lleven al congelamiento o incautación de sus cuentas en ese país.La jugada de Andy terminó resultando negativa para la familia López Obrador. Eso no impidió que el ex presidente, en otra jugada estratégica, empujara a Rocha Moya a regresar a la gubernatura, con la esperanza de que se desviara la atención de su hijo, pero provocando un cisma dentro de Morena y un final impredecible. Estos dos reveses no contribuyen a la tranquilidad que esperaba el ex presidente a su regreso a la Ciudad de México.López Obrador se instaló en un principio en el Sur de la ciudad, y comenzó a despachar en el lujoso rancho del diputado Pedro Haces, en las faldas del Ajusco. Pero temeroso de una operación estadounidense para capturarlo como a “El Mayo” Zambada, volvió a mudarse a una casa en la zona metropolitana de la Ciudad de México, acuerdo con personas que conocen sus movimientos.El ex presidente sigue alejado del escrutinio público, pero no ha dejado de operar. Quiere imponer el mayor número de candidatos a gobernador, aunque según los cálculos preliminares, Sheinbaum lleva mano. En el antecoro de la política electoral, se encuentra Estados Unidos, cuyas agencias han estado presionando sicológicamente al presidente, y armando expedientes contra Andy, contra quien nuevos señalamientos no pueden desestimarse.rrivapalacio2024@gmail.comX: @rivapa_oficial