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Miércoles, 14 de Noviembre 2018

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Una respetable opinión

Por: José Luis Cuellar de Dios

Una respetable opinión

Una respetable opinión

El viernes pasado esta columna dio cuenta de una caso real respecto a una madre primeriza que entró, primero en pánico, una vez que los médicos le confirmaron con pruebas contundentes que su bebe (niña) nacería con trisomía 21, es decir, con síndrome de Down, para luego dar paso a profundas meditaciones, tanto con ella misma como con su pareja, para al fin tomar la decisión de NO ABORTAR, medida que dada la confiabilidad del diagnóstico  se viene tomando en la mayoría de los casos, por ejemplo, en ciertos países europeos la estadística registra cero nacimientos de bebes con síndrome de Down en 2017.

Ignoro y por supuesto no pienso indagar cómo se hicieron de mi teléfono celular, lo cierto es que recibí un correo “cuasi anónimo” (viene firmado solo como Aurora) y según dice es madre de una niña con síndrome Down que padece frecuentes convulsiones a pesar de los medicamentos que toma para el caso.

Me permito compartir algunos párrafos ya que considero valioso comparar dos posturas diametralmente opuestas respecto a la decisión de ABORTAR O NO ABORTAR:

Cito textualmente: “Señor José Luis, sigo su columna de los viernes y me fije que usted está de parte de todos aquellos curas que prohíben siempre el aborto porque me condeno.

Si a mí me hubieran dicho a tiempo que estaban seguros de la ‘enfermedad’ de mi hijo y que podía abortarlo, estoy segura que lo hiciera. El padre de mi hija me dejó cuando nació la niña, no lo he vuelto a ver y tengo que trabajar  para sostenernos.

Mientras que voy al trabajo, me cuidan a la niña en una escuela más o menos cerca de la casa, son buenos porque me dejan que la deje más temprano para poder llegar al trabajo. Los ataques que le pegan son horribles y tiene que estar en cama uno o dos días, pido permiso en el trabajo y a veces pienso que me lo van a quitar; me dicen que le dan porque se me olvida darle medicina, no se la doy porque no tengo dinero.

Cuando no tengo dinero me ayuda mi mamá, mi tía que es la que más quiere a la niña. Algunos hombres salgo con ellos pero me dejan pronto porque ven a mi hija. A veces me dan ganas de pegarle a la niña porque se porta mal y rompe cosas y las tira, pero nunca le pego nomás le grito y es que estoy ‘harta’.

Soy joven y mi vida va a ser pura friega, he ido a pláticas con personas que saben mucho de lo que tiene mi hija y entonces me pongo alegre, pero como no puedo hacer lo que dicen en las pláticas voy a seguir igual. Soy católica, a veces le pido a Dios que se lleve a mi hija o que la reciban en un asilo, por lo menos que ella se muera primero”.

Aquí dejo la referencia a la carta de Aurora, que debo confesar algunos párrafos fueron, mas que corregidos, mínimamente alterados. Me permito referirme a su caso de la manera más respetuosa. Antes que nada, sí me opongo al aborto salvo casos excepcionales que no abordo por no ser materia.

Las condiciones y los eventos desfavorables que ha vivido Aurora no son causados por la niña, pues creo que ha vivido todo este tiempo, no sé la edad de la niña, con los ojos cerrados a la realidad para luego enfrentarla, de tal forma que algún día, que será pronto, si se propone escribirá no la biografía de sus penas, sobresaltos y dolores sino la de sus alegrías. Saludos Aurora.
 

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