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Lunes, 24 de Septiembre 2018

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Un santo del siglo XIII

Fue el siglo XIII el de un gran florecimiento cultural y social en toda Europa

Por: María Palomar

Un santo del siglo XIII

Un santo del siglo XIII

Fue el siglo XIII el de un gran florecimiento cultural y social en toda Europa. Se edifican cientos de catedrales y también edificios civiles, se crean grandes universidades (París, Salamanca, Nápoles...), pero también hospitales, orfanatos, leprosarios, escuelas y otras obras de beneficencia bajo el patrocinio de la Iglesia y de los reyes. En esa época, lo que hoy es Francia conoce una impresionante prosperidad demográfica y económica.

    Bretaña, parte del territorio de la antigua Armórica, es un ducado feudal poderoso que no se unirá al reino de Francia sino en el siglo XVI y conservará aún después y hasta la Revolución sus fueros y privilegios.

    Reinaba el duque Juan II cuando, en 1253 y en Minihy, cerca de Tréguier, nació Yves Hélory de Kermartin, el futuro San Yves, que fue canonizado el 19 de mayo de 1347 por Clemente VI; no habían pasado muchos años desde su muerte en 1303, por lo que aún vivían testigos de primera mano. De su causa de canonización proceden la mayoría de los datos que se tienen sobre su biografía. Fue nombrado desde entonces santo patrón de los abogados, jueces, notarios y cuantas personas se dedican a asuntos legales. Una antigua canción dice, en latín, Sanctus Yvo erat brito; advocatus sed non latro, res mirabilis populo (San Yves era bretón, abogado pero no ladrón, ¡cosa admirable para el pueblo!). Su sentido de la justicia, su equidad y su magnanimidad, así como la defensa decidida de los pobres le ganaron la devoción de cuantos se veían obligados a acudir a los tribunales.

    Yves (cuyo nombre en bretón es, según las regiones, Erwan, Iwan, Youenn o Eozen, y en español e italiano suele traducirse como Ivo) fue hijo del señor de Kermartin y Azo, de la casa de Kenquis (en francés Le Plessix); estudió teología y ambos derechos en la Sorbona, luego en Orléans, y regresó a Bretaña, a Rennes, donde trabajó como consejero jurídico de la diócesis. Después, el obispo de Tréguier lo hace regresar a su lugar de origen, lo nombra juez eclesiástico y lo ordena sacerdote. Yves fue cura de las parroquias de Trédrez y Louannec, cercanas a su casa solariega, donde en 1293 construyó un refugio para indigentes, Crech-Martin. Fue el primer cura en predicar en bretón y no en latín; recorrió sin cesar la región para evangelizar y ayudar a los pobres.

    En el proceso de canonización,  incoado a partir de 1330 con el respaldo del duque Juan III de Bretaña, se pueden leer algunas anécdotas de la vida del santo. Cuenta una de ellas que dos mujeres, quienes declaran como testigos, estaban una vez platicando frente al hospital de Tréguier y vieron entrar al Padre Yves; una hora después, azoradas, lo vieron salir medio desnudo, corriendo a toda velocidad rumbo a su casa... Las mujeres entran, intrigadas, al hospital, y descubren que tal enfermo trae puesta la camisa, tal otro los pantalones, el chaleco o la capa.

    Los restos de San Yves se conservan en la catedral de San Tugdual de Tréguier, que cada 19 de mayo recibe multitudes de peregrinos.

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