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Lunes, 23 de Septiembre 2019
Ideas |

Sus calcetines son verdes

Por: Martín Casillas de Alba

Sus calcetines son verdes

Sus calcetines son verdes

Todos los nombres tienen un significado queramos o no, pero lo que hay que entender es que nuestra manera de ser no está determinada por ese nombre, pues se supone que somos nosotros los que debemos escoger cómo queremos ser y el nombre sólo es la etiqueta de la persona y no la persona en sí misma.

Pero el nombre que nos ponen puede estar cargado con los deseos implícitos de nuestros padres, deseos que pueden desatar una reacción en cadena, sobre todo si nos presionan para que seamos eso que ellos esperan con ese nombre, dificultando que seamos autores de nosotros mismos.

¿Qué hay detrás de un nombre? Se preguntaba Julieta y en sus elucubraciones decía que si la rosa tuviese otro nombre, realmente... ¿nos importaría cómo se llamara?, de todas maneras seguiría siendo una bella flor perfumada.

Las costumbres cambian y en estos días son pocos los que atienden al Calendario del más Antiguo Galván para ponerle el nombre al recién nacido. Por ejemplo, si hoy hubiera nacido una niña, le podrían Elena, como la madre de Constantino el Grande y, si fuera niño, Agapito (aunque se burlen de él en la escuela), como el santo varón que aparece en el famoso Calendario.

Las nuevas generaciones se llaman de otra manera, tal como me di cuenta cuando di la plática Shakespeare sigue vivo a los estudiantes del Instituto Morelos en Uruapan, relacionada a las seis versiones noveladas publicadas por Santillana, incluyendo Romeo y Julieta, el primer amor.

Ese día me vestí digamos, informal, pero moderno. Salimos temprano de la CDMX librando retenes, bloqueos y un autobús incendiado antes de llegar por la tarde para recibir un golpe de nostalgia: era idéntico al Colegio Cervantes de Guadalajara donde había estudiado, aunque ahora el alumnado era mixto y por eso, había varias jóvenes de no malos bigotes.

Al final hicieron cola para que les dedicara su libro. Tuve que pedirles que escribieran su nombre porque no les entendía. Se llamaban como las voleibolistas de los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Barranquilla: Melmaría, Gaila, Winderlys, Lisvel, Yordalis, Annerys, Meriyen o Brayelin.

En eso, una de ellas se acercó y me dio un sobre:

– Es para usted –me dijo– y desapareció.

Por la noche leí lo que escribió y me acordé de eso que decía George Steiner: llevo dentro de mí mucha poesía; es, cómo decirlo... las otras vidas de mi vida.

Casi una década después, publico ese texto sólo por el valor de la ocasión:

Sus calcetines son verdes.

Quiero pensar que es honesto, es tan D.F.,
tan edificios, tan estructura libre.
¿Cómo es usted en soledad? ¿Cómo es usted?
Usted en un cuarto, un cuarto de luz y sombras, sombras y ecos.
Usted llorando, llorando dormido.
Usted en sueños, el sueño.
Lúcido, cristal limpio.
Olvidamos la ilusión. No hay nada y seguimos bien.
Nos sentimos tan reales. ¿Cómo nos sentiremos?
Si se muestra, le pierdo.
Usted viajando, usted en el metro del mundo.
Usted viajando en sueños.
Un zócalo frío.
Un zócalo frío y son las seis de la tarde,
¡ah!, cuánto espacio entre yo y yo,
y entre usted y usted; de esquina a esquina, todo en un todo.
Usted y su infancia. Nada, se cree mucho.
Martín ante el espejo, el espejo y las olas, las olas y el fondo.
El fondo presionando.
Le veo ausente, le siento tan real.
Le siento tan sin tiempo, usted infinito.
Usted adulto, adulto y niño.
Martín pleno.
Martín enamorado en noches espesas.
                 (Firmado) A.

Y estoy seguro que el ‘usted’ era ‘A’, la imagen en el espejo. Ahora la imagino con sus ya 25 años, llena de vida, observando todo lo que la rodea, viendo cosas y gente por dentro y por fuera con la misma sensibilidad que mostró en aquella ocasión y con el mismo valor para entregar lo que escribe sobre sus piernas, antes de seguir adelante con su vida, entre sueños y amores en esas “noches espesas”.

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