Jueves, 01 de Diciembre 2022
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Sólo le falta gritar “Soy Dios”

Por: Salvador Cosío Gaona

Sólo le falta gritar “Soy Dios”

Sólo le falta gritar “Soy Dios”

El presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), se percibe a sí mismo ya como un ser omnipotente, una deidad a la que todo mundo debe obedecer, rendir pleitesía, y agradecer por su sola existencia y por todo el bien que produce no solo a México sino al mundo entero. Es tal su exagerada autoestima, y estados de locuacidad excesiva, que quizá solo le falte gritar “Soy Dios”, para confirmar las elucubraciones de quienes vemos con preocupación sus cada vez más habituales episodios de euforia emocional.

Frente a otros poderes del Estado Mexicano es tal su presunción de superioridad, que da por hecho que estos tienen que cumplir su voluntad. Busca imponer magistrados, consejeros electorales, y ordena lo que se tiene que aprobar o no en el Poder Legislativo. Le da lo mismo romper las leyes que torcerlas para su beneficio o el de sus proyectos, para ello recurre a iniciativas, acuerdos y decretos.  Ante instituciones que debiesen gozar de autonomía como la Fiscalía General de la República (FGR), igualmente instruye a quien se debe investigar, perseguir, encarcelar, o perdonar. Su control en la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH)  no tiene parangón. Manda también en la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) y en la Secretaría de la Función Pública (SFP). Ha golpeado y eliminado instituciones, programas sociales y proyectos solo por capricho o venganza, pero lo más grave es que su sed de venganza y de romper con todo lo que hicieron administraciones pasadas  parece no tener fin.

Pareciere que una extraña combinación de personajes convergen bajo la figura de AMLO, quien por momentos nos recuerda a “El Rey Chiquito”; al protagonista de la serie “El Capo”; al rey Carlo Magno, o nos remite a la novela de “El mundo según Wayne”.

Baste recordar las declaraciones y expresiones de los últimos días para darnos cuenta lo que ocurre en la presidencia de nuestro país.

Por ejemplo, a principios de esta semana, hizo publicar un decreto en el Diario Oficial de la Federación (DOF), a través del cual se establece que todas las dependencias federales tienen la obligación de aprobar los proyectos del Gobierno  que preside, y que estos se deben considerar de Seguridad Nacional de manera que ni siquiera estén obligados a rendir cuentas de cómo gastan los recursos.

El miércoles, propuso a la actual subsecretaria de Egresos en la Secretaría de Hacienda, Victoria Rodríguez Ceja, para la gubernatura del Banco de México (Banxico), generando críticas a su propuesta por carecer del perfil requerido para el cargo; de hecho, la bolsa mexicana de valores cerró dos días seguidos con pérdidas, lo mismo que el peso que cayó frente al dólar.

Sin embargo, a la mañana siguiente, AMLO rechazó tener un plan B pues dijo, (los senadores) “van a aprobarla”.

Al día siguiente, afirmó que si él no hubiera ganado las elecciones de 2018 y no se hubiera cambiado la política económica, habría un caos, México estaría hundido, destrozado y hubiera habido más muertes por la pandemia de Covid-19.

A Andrés Manuel no le importa mentir como respira y armar montajes con fin de conseguir lo que se propone. En su mente torcida y trasnochada Andrés Manuel no parece darse cuenta que es la destrucción, el caos y la zozobra lo que se está viviendo ya en este país como consecuencia de sus malas decisiones de Gobierno.

Y es que, el estilo personal de gobernar o de imponer su voluntad, como se le quiera llamar a lo que hace el presidente López Obrador, se asemeja al de un monarca absoluto apartado del apego a la norma constitucional y a cualquier imperio de ley. Sus desconcertantes actitudes, declaraciones, decisiones y acciones de gobierno colocan al país en una constante situación de riesgo en no pocos sentidos, mientras él con su gran corona y enorme capa, se pasea por su palacio desde donde vive una realidad diferente.

opinión.salcosga@hotmail.com

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