Sábado, 24 de Octubre 2020

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“Recuerdos” (parte II)

Por: Carlos Enrigue

“Recuerdos” (parte II)

“Recuerdos” (parte II)

Los mexicanos en general tenemos fama de bragados y como testimonio, en el Archivo Casasola me impresiona que en muchas ocasiones aparecen fotografías de sujetos a punto de ser ejecutados, lo que debió suceder momentos después. Y los que serían fusilados se veían tranquilos, como si la muerte no les importara y en lugar de ser ejecutados estuvieran esperando el paso del tranvía o a la llegada de la novia.

Desde luego que eran hombres con valores y modos que me hacen recordar que compartían como filosofía vital aquella sentencia que dijo el inmenso Pito Pérez, cuando se preguntaba: “¿Qué favor le debo la sol/ por haberme calentado./ Si de chico fui a la escuela,/ si de grande fui soldado,/ si de casado cabrón / y de muerto condenado/ qué diablos le debo al sol/ por haberme calentado/ qué favor le debo al sol/ por haberme calentado”; que bien puede estar en la línea de aquello de que la vida no vale nada.

No podemos olvidar la inmensa cultura de la muerte que había en el mundo azteca, sobre todo en la zona del país donde dicha civilización tuvo influencia directa y a donde remito el estudio ya que, entre otros, hay varias figuras a comentar como Mictlantecuhtli, señor de Mictlán, dios del inframundo donde reina sobre los muertos, que se representaba como un esqueleto con manchas amarillas, similares a la podredumbre. Según Izzi, es una deidad maya llamada Ah Puch, representada por un cadáver parcialmente putrefacto con cráneo y esqueleto visible. Otros lo representan de forma humana con cabeza de búho, también preside el Mitnal, que es el más profundo de los abismos inferiores, figura topográfica parecida a la del infierno de la Comedia.

O Coatlicue, madre de los dioses, representada por su falda de serpientes y un collar de manos y cabezas arrancados a los súbditos, que acostumbraba desollar fieles y usaba la piel de estos. De esta diosa tendremos que recordar la impresión que una de sus primeras imágenes causó en el Barón de Humboldt y, por su conducto, en muchos intelectuales que provocó que los frailes que la custodiaban se la pasaran enterrando y desenterrando la imagen de piedra, según iban y venían personas que querían mirarla y que en buena parte provocó la fama de la Piedra del sol, encontrada casi al mismo tiempo que la diosa y que hacía que a los frailes les complaciera más mostrar.

Hay otros muchos seres de las deidades aztecas que por desgracia se han perdido, en buena parte por obra de la simpática figura de la catrina, creación de Posada, la que parece haberse colocado como la representante de la muerte con mayor popularidad.

Hay que entender en el contexto de la afirmación antes dicha el porqué ahora mismo existe una gran devoción por la llamada Santa muerte o la Niña blanca, que es sujeto de un culto y religiosidad popular que compite en el ardor ritual con otras religiones más comunes en nuestro país.

@enrigue_zuloaga

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