Miércoles, 17 de Agosto 2022

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“Recuerdos de los cafés”

Por: Carlos Enrigue

“Recuerdos de los cafés”

“Recuerdos de los cafés”

He estado extrañando los cafés, aquellos maravillosos sitios de reunión en los que se charlaba y lo cierto es que a estas alturas ya no sé bien si estos continúan como siempre y el que ya no asiste a ellos soy yo, pero sea como usted quiera, no puedo sino rememorar algunos de esos lugares en los que sin más gusto ni provecho que ir a platicar y a pasar el tiempo íbamos diariamente, es más había hasta cierta molestia si cuando llegabas se encontraba “tu mesa” ocupada por otras personas; el consumo era limitado a unas cuantas tazas de café y cuando alguien, de forma desusada, pedía para él un pastel o una torta.

Subsiste gloriosamente el Madoka, por la calle de Parroquia, entre Juárez y Pedro Moreno, al que acostumbraba ir desde estudiante y que tenía variedad de público, ya que se comía sabroso, además de un buen café y había los que además iban a jugar dominó o ajedrez desde horas muy tempranas del día hasta que cerraban por la noche; en aquel tiempo era regenteado por un cubano que nunca supe si era empleado o propietario del lugar, que por aquellos tiempos gozaba del favor del pequeño mundo literario de nuestra ciudad, y porque muchas librerías quedaban cerca y variaban el sitio de reunión. Años después lo adquirió mi amigo Félix Flores y hasta donde sé todavía es propiedad de su familia y a éste sí asistí recientemente a desayunar unos riquísimos chilaquiles con café, pero ya no como cliente habitual sino un poco como invasor, pero me sentí bien y sigue siendo un sitio para ir a platicar con el mismo espíritu que íbamos antes.

Otro café que hasta donde recuerdo continuaba en su sitio era el café Madrid, con muy buen café y buenos desayunos, y que era hace mucho un sitio donde se juntaban políticos y gente de la lucha libre, ya que recuerdo que en los sesentas se estacionaba por la avenida Juárez un espectacular auto convertible que era de un tal Rito Romero, que creo era luchador, que yo supongo debe haber sido influyente porque de otra manera no hubiera podido estacionarse ahí.

De tiempos más recientes recuerdo en Lafayette el café Azteca, donde ahora es la Joseluisa, que había un buen café y sobre todo tenía una espectacular terraza donde se podía tomar el líquido, charlar y observar el hermoso paisaje tapatío, que muchas veces pretendemos ignorar.

Otro de los nuevos que recuerdo con mucha gratitud y placer es el café de Lulio, de gran éxito y sumamente preferido por los habitantes de esta amable ciudad de Guadalajara, que además de buen café, se come bien e incluso ya tiene sucursales.

Probablemente mi memoria fue injusta y omití narrar otros, pero siendo nuestra reunión una charla y no un monólogo, espero que mis solitarios lectores me recuerden otros sitios que seguramente olvidé a lo menso.

@enrigue_zuloaga
 

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