Sábado, 25 de Enero 2020
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Puntos

Por: Maya Navarro de Lemus

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21,850 Puntos - Mi abuelito Toño o Don Toño para los demás, era un gran tipo, cuando yo era pequeño vivía al lado de nuestra casa, siempre jugaba conmigo, con mi hermano Daniel y con mi mejor amigo Marco, decía que Marco era su nieto adoptivo. Conforme fuimos creciendo, estudié arquitectura y a mi abuelito Toño le gustaba ver mis maquetas, varias veces me acompañó a los concursos y fue a ver las casas que estaba construyendo, pero después de fracturarse la cadera las cosas cambiaron, tuvo que irse a un asilo, yo lo visitaba tres veces por semana y trataba de hablarle todos los días, a veces le llevaba naranjas o algo que le gustara.

15,920 puntos - Conocí a Don Toño cuando era niño, mi mejor amigo es su nieto David, solía decirme que yo era como su nieto, el señor tenía un corazón de oro, siempre estaba al pendiente, recuerdo el día que me gradué me regaló una placa que decía “Lic. en Fisioterapia Marco Hernández”, todavía la tengo, me preguntaba cómo iba el consultorio y bromeaba con que se convertiría en mi paciente, hasta el día que se cayó y así fue, iba a verlo al asilo un par de veces por semana, hacíamos ejercicios y le llamaba todos los demás días, a veces lo notaba un poco triste, creo que era porque casi no sabía de sus hijos, pero trataba de animarlo llevándolo al parque y a veces por un helado.

4,560 puntos - Mi abuelito era muy divertido, nos hacía reír mucho a mí y a mi hermano David, nos compraba golosinas aunque mi mamá no lo dejaba, era nuestro secreto. Me gustaba ir con mi hija a verlo cada quince días, y le llamaba entre semana cuando tenía tiempo; a pesar de que después de la fractura tenía que usar andadera o la silla de ruedas, solía estar de buen humor y contarnos chistes, tenía un catálogo infinito para sacarnos carcajadas.

680 puntos - Mi papá vivía al lado de nosotros, le encantaba jugar con los niños, David lo adoraba, siempre quería invitarlo a todos lados, a las competencias de natación, al karate y luego que creció quería que lo acompañara a ver las casas que construía, de hecho creo que decidió ser arquitecto porque quería ser como su abuelo, siempre platicaba de techos, muros, cocinas, que la cantidad de luz, incluso después de la caída, le llevaba libros y le pedía consejos. Yo tenía menos cosas en común, lo visitaba en el asilo cada dos o tres meses, creo que incluso aquel chico que siempre estaba en mi casa de niño, Marco, lo visitaba más, es increíble que después de 30 años siga siendo amigo de mi hijo David.

420 puntos - Mi papá Don Toño vivía al lado de mi hermano hasta antes del accidente. Cuando se mudó al asilo que estaba del otro lado de la ciudad de donde vivo,  lo visitaba en su cumpleaños y navidad, aunque cada mes le hacia una llamadita por si se le ofrecía algo.

210 puntos - Casi no conocía a mi abuelo, de niño en mi cumpleaños y en navidad me daba mi regalo en dólares, decía que para que lo ahorrara, a veces acompañaba a mi papá a visitarlo, dicen que Don Antonio tenía su buena lanita juntada, es raro que venga otra persona fuera de la familia a estos actos.

El licenciado Arnulfo Estrada dio lectura al testamento, el cual indicaba un sistema de acumulación de puntos, cada visita valía diez puntos, cada regalo cinco puntos y cada llamada un punto. Los bienes del señor Antonio serían vendidos y el total repartido de acuerdo a los puntos acumulados. Lo que no se leyó fue la última cláusula en la que se indicaba que si alguno quería anular el testamento se quedaría sin ningún punto.

Berenice Clifton García

Berenice Clifton García es ingeniera química de profesión, pero disfruta de la escritura.

maya.navarro@hotmail.com 

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