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Miércoles, 14 de Noviembre 2018
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Política migratoria: la lengua y la mano

Por: Diego Petersen

Política migratoria: la lengua y la mano

Política migratoria: la lengua y la mano

¿México salió bien librado del primer round del éxodo centroamericano? Desde el punto de vista gubernamental sí. Lograron detener y regresar a la mayoría de los migrantes, quedaron bien con el Gobierno de Trump y aplicaron una aparente política humanitaria con un pequeño porcentaje, fundamentalmente mujeres viajando con niños, a las que tendrán entretenidas un buen rato mientras revisan caso por caso. Cuando se decida el futuro de estas mujeres habrá pasado ya la elección en Estados Unidos (6 de noviembre) y el periodo del Gobierno de Peña Nieto (1 de diciembre).  El problema migratorio no se resolvió, sigue intacto, pero sí la crisis puntual de las caravanas de la semana pasada. Tan seguro es que habrá otras oleadas de migrantes como que saldrá el Sol, pero eso le tocará al siguiente Gobierno.

En materia migratoria, como en muchas otras, México tiene principios muy claros y normas muy difusas, lo que permite actuar de acuerdo con la coyuntura, con amplio margen de maniobra y discrecionalidad para los funcionarios, pero impide tener políticas que den certidumbre, en este caso tanto a los migrantes que pretenden ingresar al país, como a los ciudadanos que no sabemos cómo va a reaccionar el Gobierno, este o el que viene, en la próxima crisis.

Es momento de entrar en serio a la discusión de qué queremos y a qué estamos dispuestos en materia de migración

Es momento de entrar en serio a la discusión de qué queremos y a qué estamos dispuestos en materia de migración. Nuestra situación geográfica no va a cambiar y seremos, a quererlo o no, una parte esencial en este proceso. Los que aún tienen la ilusión de la integración con América del Norte insisten en que este proceso pasa por blindar la Frontera Sur, por asumir que colaborar con Estados Unidos en parar la migración centroamericana hará más fácil un acuerdo respecto a nuestros propios migrantes. En el otro lado, una postura más solidaria y humanitaria, si se quiere más romántica, sostiene que México no debe hacerle el trabajo sucio a Estados Unidos y que su compromiso debe ser con las personas, en este caso los migrantes, y no con los intereses de otro país, aunque sea nuestro socio comercial más importante.

Me temo que ninguna de las dos posiciones tiene una mayoría clara. El país está, en este tema como en muchos otros, profundamente dividido. Si bien el Gobierno entrante de López Obrador se identifica sin duda más con la visión humanitaria, no tiene claro cuál debe ser la respuesta de los diferentes órdenes de Gobierno. Urge, pues, normar los principios migratorios, poner en blanco y negro qué y cómo deben responder las diferentes instancias y agencias del Gobierno para dar certeza a los migrantes en México para evitar la discrecionalidad y los abusos de un Gobierno que es solidario de lengua y discurso, y mano dura, represor y discriminador, en la práctica cotidiana.

Diego Petersen Farah

(diego.petersen@informador.com.mx)
 

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