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Martes, 21 de Agosto 2018

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Paula Alcocer

Por: Maya Navarro de Lemus

Paula Alcocer

Paula Alcocer

Nacida en Salamanca, Guanajuato en 1920, muere en  2014 en Guadalajara. Enrique González Martínez, expresó: “Hay en su bellísimo libro una voz nueva, cuyo alcance y cuya resonancia sería temerario calcular, pues cada una de sus realizaciones está henchida de magníficas promesas. Quiero expresarle en estas líneas la profunda emoción, el íntimo regocijo espiritual que su, ‘Párvula Voz’ (editado en Guanajuato en 1949) me produjo. Las congratulaciones que le envío, más que para usted, debieran ser para mí, a quien ha tocado en suerte conocer un precioso y naciente valor de la poesía mexicana. Que la gloria la acompañe en su camino son los deseos de su viejo amigo y compañero de letras”. Reconocida con el Premio Elías Nandino y PREMIO JALISCO DE POESÍA 2000.

Su obra comprende: Diván de cuentos cortos, “Muerte en junio”, “Aún hay Sol en las bardas”, “De la vejez y otra alborada”, “Poemas”, “Entre la fiesta y la agonía”.

MÉXICO

México, México, miserable y desgarrado, /Patria sustancial y fuente viva. México, pan de dulce, pan de sal…

¡Oh Patria podrida, desangrada, falta de sólido cariño y de esperanza, si besara tu suelo se endulzarían mis labios! Y no podría decir tu verdad amarga, tu enorme verdad de sal sedienta., de tierra dura, sin barbechos! No podría con el peso de tu nombre de piedras pómez labradas en tinieblas, tu áspero nombre de sangre entubada, mordida de lágrimas y de hambre; se haría el silencio en mis manos, el torvo silencio d tus indios amargos, los que esculpieron tu estructura lamiendo salitre de tus rocas y te prestaron su carne de colibrí embriagada de soles delirantes.

Si te besara, agrio olor de lágrimas fermentadas me cegaría los ojos ante la miseria de tus niños con hambre, hartos de palabras; caería podrida mi voz frente al paisaje bronco y duro, reptando por la tierra calcinada sedienta del verde oceánico de los maizales y el oro vegetal del trigo.

Patria mía, harapienta, morena de soles amargos, blanca de manta y huesos sin cementerio crucificando de dolor la cintura mortal de tus caminos. Semillero de luciérnagas petrificadas —los huesos quemados de los indios—, trazan amargos pentagramas para el alabado orgánicamente triste de los muertos. Porque tú, Patria dolorosa, no eres sino un charco de sangre, no eres sino la fiebre hambrienta de los niños, la rota cintura embrutecida de los hombres doblados bajo el yugo, la dorada simiente milagrosa que se pudre sin la cálida entraña del surco. No eres sino el esqueleto fracasado de la madera cantante y la tristeza de gestos monolíticos de un colibrí caído; solo la parda aspereza del maguey y el llanto y la sed amordazados de una tierra sin agua ni semilla. 

Tallada en lágrimas, escultura de sangre, luminosa, enmudecidamente esperas. Un día vendrá ¡Oh Patria verde! El hombre que fecunde tus entrañas; con agua de risa lavará tus mantas y soles niños brotarán en las espigas. Florecerá la cal de tus paisajes y de simiente en simiente correrá el evangelio de la nueva sangre vegetal de los maizales. Vendrá tú lo sabes y enmudecida, dormidamente esperas.

México amargo, dulce Patria zoológica y vegetal… México, México, pan de dulce, pan de sal…

Paula Alcocer. Su poesía sabe de la rosa que agoniza, de Góngora, Calderón de la Barca y de Sor Juana… sabe del agua que corre en la poesía de san Juan de la Cruz… sabe de la soledad de Juan ramón Jiménez… y también sabe de la serenidad de Fray Luis de León. Pero luego aquella rosa revela su dramático destino: “llora relámpago y sal” y en las noches es “sombra de hielo” y las aguas se tornan “Huracán de gritos y salmueras” y en ellas “gimen los peces”. Y la soledad se agrava entre la vigilia y el sueño insumiso, en “la hora oscura y amarguísima”. ¿Y la serenidad? Ha desaparecido con la última lira de Fray Luis. A la poeta, que tiene “la edad del llanto” no le queda más que el consuelo y la sumisión del creyente. Porque Paula Alcocer —como sucedía con Concha Urquiza— coexisten, alimentándose entre sí, la alegría del mundo y las torturas (¿no habrá que decir las perfecciones’) de la fe. Antonio Castro Leal.

Paula Alcocer. Aquí, durante su recital de poesía que ofreció en el auditorio de la Casa de la Cultura Jalisciense.

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