Viernes, 29 de Mayo 2020
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Parar, por nuestros desaparecidos

Por: Rubén Martín

Parar, por nuestros desaparecidos

Parar, por nuestros desaparecidos

No hay asunto social o político más importante en el país que la desaparición masiva de personas. La desaparición masiva de personas, ya sea por fuerzas de seguridad del Estado o grupos armados privados, anuda en un asunto todos los males del país.

Por un lado es la cara más dolorosa y terrible de la guerra que tenemos en México, y de otro revela el anudamiento de los intereses del poder político, el crimen organizado e intereses económicos como parte de la misma maquinaria que asesina y desaparece. Por eso para el Estado mexicano, y su corrupta clase política, no ha sido y no será una prioridad la búsqueda con vida de las personas desaparecidas.

Como lo han dicho varias madres y familiares que tienen desaparecidos: no le pueden pedir justicia al Estado porque es parte del problema.

Las desapariciones son la arista más dolorosa y horrorosa de la guerra que tenemos en México. Enfrentar las desapariciones, es enfrentar la guerra que los poderes dominantes han desatado contra la población.

Salvo los meses posteriores a la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa en septiembre de 2014, en México no se han detonado movilizaciones masivas e iniciativas políticas con la capacidad de parar las desapariciones.

Jalisco no es la excepción. Lamentablemente las organizaciones de familias con desaparecidos, no ha encontrado la empatía necesaria para que su lucha sea respaldada por la mayoría de la sociedad.

Esto podría cambiar estos días si crece y se consolida una movilización significativa que se ha desatado por la desaparición de varios estudiantes en esta semana: la de Javier Salomón Aceves, Daniel Díaz y Marco Ávalos, estudiantes del Caav, privados de la libertad el 19 marzo en Tonalá. La de César Ulises Arellano Camacho estudiante de medicina de la UdeG también el 19 marzo, en Tala. La desaparición de Pedro Ruiz Guerrero (14 años), el 20 marzo en Zapopan. Y la de Susana Carolina Gutiérrez Flores, estudiante de Psicología, reportada como desaparecida el pasado 21 marzo, que por fortuna ya fue encontrada sana y salva.

Los casos de estos estudiantes desaparecidos despertaron miedo en muchos chicos, según expresaron en la asamblea universitaria realizada ayer por la tarde, pero también rabia y conciencia de cambiar las cosas. Saben que no será fácil y que no bastará una marcha.

No debería dejarse que el Estado siga funcionando como si nada, cuando hay tantos desaparecidos. Los candidatos deberían suspender sus campañas y en lugar de pedir votos, ayudar a buscar a los ausentes.

Los universitarios deben parar actividades, pero un paro real y no simbólico como el de ayer. Quizá los universitarios de Jalisco podrían convocar a universitarios de otras partes del país a sumarse a una acción nacional que tenga potencia política suficiente para detener las desapariciones masivas y la guerra.

El Estado no ha hecho y no hará lo suficiente para buscar a los ausentes por su implicación en la guerra. La respuesta debe buscarse abajo, en la misma sociedad, apoyando a las familias y en redes de comités de solidaridad con las organizaciones de desaparecidos. Sería necesaria una fuerza política con capacidad de detener las instituciones, así sea intermitentemente, y buscar por su cuenta a los desaparecidos. Se debe parar, por todos nuestros desaparecidos.

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