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Jueves, 14 de Noviembre 2019
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País de masacres

Por: Salvador Camarena

País de masacres

País de masacres

En el Museo Casa de la Memoria de Medellín, en una de las exposiciones permanentes se menciona que en Colombia han adoptado la definición de masacre como un evento de violencia en donde son asesinadas cuatro a más personas.

Y no solo es algo que se expone en ese museo. La Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios  de las Naciones Unidas, con oficinas en Colombia, define una masacre como “aquel hecho en el cual son víctimas de homicidio cuatro (4) o más personas, en las mismas circunstancias de modo, tiempo y lugar, y por los mismos autores”.

Visto desde ese Museo, México luce sombrío. ¿Cuántas masacres hay en nuestro país a la semana? ¿Una? ¿Dos? ¿Cinco? ¿Más?

En esa definición de masacre, sin embargo, se habla de que en tal acepción “no se contabilizan aquellos casos en donde por acción de la Fuerza Publica en cumplimiento de su deber resultan muertos integrantes de grupos armados al margen de la ley; tampoco se tiene en cuenta las víctimas pertenecientes a la Fuerza Pública como resultado de la acción de los grupos armados al margen de la ley”.

Por supuesto que una realidad como la colombiana acude a parámetros y referentes que no necesariamente pueden aplicarse, sin más, en México.

En nuestro país, sin guerrilla oficialmente aunque con un grupo armado que declaró la guerra al gobierno en 1994, en una interacción entre la fuerza pública y presuntos miembros del crimen organizado se puede dar no solo una masacre, sino un ajusticiamiento, que además de rebasar parámetros de uso proporcional de la fuerza fácilmente podría calificar como ejecución extrajudicial.

El punto es que urge que regresemos al lenguaje cotidiano elementos que nos ayuden a revertir la normalización de la violencia.

Masacres es un término que quizá pueda ayudarnos a no ver el paisaje lleno de cadáveres como algo natural, como algo inevitable.

En México ocurren masacres cada semana. Masacres en contra de ciudadanos de a pie y matanzas donde elementos de las fuerzas del Estado o donde presuntos criminales son masacrados. Cada semana y en más de una ocasión a la semana hay cuatro o más muertos en similar tiempo y circunstancia.

Una rápida revisión en Google arroja que, de agosto a la fecha, tenemos masacres a todo lo largo y ancho del país.

Tenemos mucho más que solo los terribles casos de Aguililla en Michoacán o Tepochica en Guerrero, donde más de una docena de policías y presuntos delincuentes, respectivamente, murieron acribillados en los últimos días.

Tenemos cuatro muertos el 9 de octubre en un taller mecánico de Sahuayo; otros cuatro en un bar de Uruapan en septiembre. Y para seguir con Michoacán, once muertos en agosto en Tepalcatepec.

En Coatzacoalcos, Veracruz, vimos en agosto la masacre de 30 personas en un bar, y en Jalisco el hallazgo de decenas de cuerpos en un paraje de Zapopan. En Tamaulipas ocho fallecidos en río Bravo por enfrentamiento; y un comando ejecutó a integrantes de una familia en municipio de Miguel Alemán mientras el Ejército abatía a 7 presuntos sicarios, para un total de doce muertos. Por su parte, en Guanajuato es cosa de cada semana que haya más de cuatro muertos en diferentes municipios, entre ellos Celaya.

Uno sale del Museo Casa de la Memoria de Medellín haciéndose una idea de cuánto ha sufrido el pueblo colombiano. Muchísimo. Y con la duda de cuánto más habrá de sufrir México en la espiral de violencia que nos deja masacres todas las semanas en distintos puntos del país. País de masacres. 

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