Viernes, 14 de Agosto 2020
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Olimpiada de aplanar la curva

Por: Rubén Martín

Olimpiada de aplanar la curva

Olimpiada de aplanar la curva

En el mismo momento que se suspendieron todas las competencias deportivas profesionales, como las Olimpiadas en Tokio o los torneos de futbol, beisbol, basquetbol y todas las grandes competencias de la industria, se inauguró una nueva competencia mundial: la competencia de aplanamiento de la curva. 

Todos los gobernantes parecen haber entrado en la disputa por convencer a sus ciudadanos y al mundo de que lo están haciendo mejor que otros, de que están tomando las mejores decisiones para manejar la pandemia y aplanar la curva de contagios de la peste moderna que es el coronavirus. 

En esta competencia por el manejo de la pandemia surgen casos extremos como en Estados Unidos, donde incluso se han politizado las medidas de contingencia. Portar o no el cubrebocas se ha convertido en una cuestión partisana: los votantes a favor de Donald Trump se niegan a usarlo y a confinarse, mientras que quienes lo usan militan en el bando demócrata.

Pero no sólo en Estados Unidos ocurre esta contienda por aplanar la curva. En México se ha presentado una competencia entre gobiernos locales y el gobierno federal, y entre gobernadores para tratar de mostrar que lo hacen mejor que otros. 

Un ejemplo claro de esta contienda es el caso del gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro Ramírez, quien ha buscado desmarcarse de la estrategia nacional y capitalizar políticamente el diseño de mejores medidas durante la contingencia sanitaria. 

Esta Olimpiada por aplanar la curva es vulgar y absurda. Vulgar porque los puntos que se van acumulando son vidas humanas: ya sean número de contagios o fallecimientos. Y es absurda porque pretende hacer creer que un país, o incluso un gobierno local, puede hacer mejor las cosas que su gobierno federal y otros gobernadores del mismo país. Y de esta manera la competencia por aplanar la curva se convierte en una competencia por los reflectores, las encuestas y mayores tajadas de poder. 

Subrayo, es absurda esta competencia porque ningún gobierno nacional puede, por sí sólo, enfrentar las condiciones sistémicas que crean estas pandemias. Es absurdo que un gobernador que gobierna en el 0.1 por ciento de la población mundial proclame que lo está haciendo mejor que otros gobiernos. 

Es evidente y de sentido común que algunos gobiernos nacionales o locales hayan diseñado mejores políticas sanitarias para enfrentar la pandemia, y es necesario saberlo y reconocerlo para seguir enfrentándola de la mejor manera. 

Pero en el contexto global esto es irrelevante porque la producción del coronavirus, del COVID-19, no es un asunto de una nación, y menos de un mercado donde se comen animales exóticos. El virus COVID-19 se produjo tanto por quienes comen murciélagos en el mercado de Wuhan, como por quienes acaparan tierras en la Ciénega del lago de Chapala para la siembra de berries. O quienes en Nueva York o Madrid consumen alimentos que provienen de los monocultivos en el Amazonas o Indonesia. 

El punto es que las condiciones que producen pandemias como la del COVID-19 son globales, implican a todas las sociedades del planeta, y son producto de un solo sistema mundial que es la economía-mundo capitalista. Como bien ha señalado la especialista Silvia Ribeiro: “El sistema alimentario agroindustrial es una verdadera fábrica de pandemias”, y de relación destructora con la naturaleza que tiene la moderna sociedad capitalista, como ha señalado John Holloway.

Pero ninguna de estas cuestiones se tocan o abordan por los gobernantes del mundo a la hora de sumergirse en la competencia por aplanar la curva. Es evidente que esa es ahora la prioridad, pero la mayoría de medidas de reactivación económica apuntan a volver a poner en marcha la misma maquinaria productiva y de consumo que nos ha metido en esta obscura cuarentena. 

Si no cuestionamos de raíz los fundamentos de la moderna sociedad capitalista, entraremos, con seguridad, a una era de cuarentena indefinida.

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