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Sábado, 16 de Febrero 2019
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Novelas de terror y otras no tanto

Por: Jorge Zepeda Patterrson

Novelas de terror y otras no tanto

Novelas de terror y otras no tanto

Hace una semana sugerí en este espacio algunas series de televisión para entretenerse en estas vacaciones. Pero después de un par de maratones en Netflix decidí tomarme un descanso y regresar a la magia de los libros. Ninguna producción televisiva supera a la composición de escenas y personajes que el lector se hace ante una buena novela. Y, por lo demás, en la mayoría de los casos las series suelen desmejorar a partir de la segunda temporada, cuando los guionistas se ven obligados a estirar las tramas y forzar la personalidad de los protagonistas.

Esperando que más de alguno de ustedes coincida, a continuación alguna sugerencia para apoltronarse unos ratos frente a un buen libro.

Al noruego Karl Ove Knausgard lo amas o lo odias sin medias tintas. Yo soy de los primeros. Tiene que Llover (editorial Anagrama), el quinto libro de su serie Mi Lucha es quizá el mejor de ellos porque en él relata justamente la batalla interna que libra todo el que intenta ganarse la vida como escritor.

Leer a Knausgard es convertirse en voyerista. Es tal la capacidad del autor para describir con detalle su vida y el flujo de sus emociones sin filtros que uno tiene la sensación de estarse asomando indebidamente a una intimidad prohibida. Eso y su calidad de escritura genera muchos momentos memorables.

Berta Isla (Alfaguara), la última novela de Javier Marías no es quizá la mejor (¿cómo superar Mañana en la batalla piensa en mí?), pero ofrece una buena versión de su excelente prosa y proporciona varios giros sorpresivos en el desarrollo de la trama. Berta y Tomás parecen destinados uno para el otro, la pareja perfecta, desde que se conocen en la escuela: los más guapos, distinguidos e inteligentes. Su matrimonio parece la consumación de un hecho natural y todos auguran una vida familiar idílica. Pero dos breves incidentes modificarán su vida para siempre y convertirá a su matrimonio en una apasionante anomalía. A ella se le atraviesa un torero, a él los servicios de inteligencia británicos encarnados en una atractiva dependienta. Una novela a medio camino entre el thriller político y el romance.

El Adversario sigue siendo mi novela preferida del francés Emmanuel Carrere, pero la más reciente traducida al español, El Reino (ambas en Anagrama) tendría que ser considerada la más meritoria por la profundidad de los temas y por la descomunal investigación histórica que entraña. La biografía de Pablo el apóstol le da el pretexto para hacer un muy personal recuento de su relación con la religión en general y con el catolicismo en particular. A pesar de la aparente aridez del tema, se trata de una especie de viaje interior de una honestidad descarnada. Disfrutable, ilustrativo y, probablemente, muy inquietante seas un devoto creyente o un ateo consumado. En cualquier caso, Carrere sacudirá tus puntos de vista sobre la fe cualquiera que ellos sean.

Knausgard o Carrere son autores que practican, cada uno con variantes, lo que se ha llamado la autoficción; novelas en las que el propio autor se convierte en el protagonista principal. La última entrega de Jorge Volpi no incurre en este género, pero es también una no novela, aunque lleve como título Una Novela Criminal (Tusquets).  Se trata en realidad de un largo ensayo sobre el caso de la francesa Florence Cassez cuyas vicisitudes judiciales quitaron el sueño a periodistas y funcionarios durante el sexenio de Felipe Calderón. Como se recordará, ella y su novio Israel Vallarta fueron detenidos supuestamente in fraganti en un operativo policiaco durante el rescate de varias víctimas secuestradas. Pese a que luego se mostró que el operativo, exhibido en televisión “en tiempo real”, había sido un montaje orquestado por Genaro García Luna, el siniestro jefe policiaco del sexenio calderonista, la pareja terminó en prisión acusada de los peores delitos. Él todavía espera ser enjuiciado, trece años después; ella vive en Francia tras un fallo favorable de la Suprema Corte y enormes presiones del Gobierno de su país. El valioso recuento de Volpi constituye un viaje a los meandros más oscuros de la justicia mexicana. Aunque no sea una novela, el título le hace justicia al libro por lo menos en dos sentidos: por un lado, se lee con la fluidez y suspenso de una novela y, por otro, la farsa diseñada por García Luna, incluyendo la invención de la banda de secuestradores Los Zodíaco, fue una ficción y más concretamente, una novela de terror.

Y hablando de no novelas de terror, no tiene desperdicio el libro del periodista Bob Woodward Miedo, Trump en la Casa Blanca. Cualquier cosa que se hayan imaginado sobre la ignorancia, la frivolidad y la minoría de edad emocional del personaje se queda corta. El periodista, célebre por su investigación del caso Watergate, consiguió que los miembros del círculo interno de Trump describieran las sesiones de gabinete y el clima imperante en la oficina Oval. Espeluznante.

Pese a ello, no me resta más que desear a todos un feliz año.
 

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