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Miércoles, 12 de Diciembre 2018

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No te apures pa’ que dures

Por: Jacques Rogozinski

No te apures pa’ que dures

No te apures pa’ que dures

En Japón, la puntualidad es una característica cultural importante. Ser puntual gobierna la vida social y de negocios del país. Todas las reuniones se cronometran para determinar el horario de inicio y de terminación. Ahí, quien llega tarde es visto como mal educado y arrogante, un irrespetuoso que no considera la vida ajena. Según algunas mediciones, los japoneses caminan más rápido que muchas otras sociedades del mundo. En México, en cambio, las personas pueden llegar tarde a una reunión porque su concepto del tiempo es más relajado, pero un japonés pondrá en discusión su relación con el impuntual si no cumple con los horarios pactados.

¿Que a dónde voy con el punto? A que la impuntualidad, una pésima costumbre de profundas raíces culturales en México, tiene un severo impacto sobre la economía, innovación, productividad y competitividad, lo que redunda en el crecimiento económico. “Existen quienes no conocen la importancia del tiempo, lo desperdician o se la pasan sin hacer nada”, escribieron Vrajlal Sapovadia y Kishor Barad en el Global Punctuality Index: A Tool to Save Trillion Man Hours. “Hay un proverbio que dice que matar el tiempo no es un asesinato, sino un suicidio”.

Los europeos fueron los inventores del reloj mecánico y los primeros en aplicarlo —como lo hizo Inglaterra— a la producción, durante la Revolución Industrial. La puntualidad suiza no es un chiste: es un modo efectivo de monitorear la eficiencia para tener técnicas y prácticas más eficientes. No hay experimento que no considere el uso del tiempo con precisión, pues los resultados bien medidos permiten el avance científico. Sapovadia y Barad citan: “En las sociedades modernas, los trenes salen y llegan puntualmente, las fábricas economizan el uso del tiempo y los suministros dentro de límites muy estrictos para ajustarse al just in time”. Una sociedad consciente del tiempo, entiende que esa unidad de medida vale, cuesta, se mide en dinero, crecimiento o desarrollo.

Nos recuerda William di Pietro en Time Punctuality and Economic Performance: “La puntualidad es una fuerza positiva en el  desarrollo económico de una nación; la falta de conciencia sobre el tiempo, un impedimento”.

La percepción sobre el tiempo es un asunto cultural importante, y la cultura es algo que los economistas tradicionales afectos a las recetas generalistas, y por supuesto los institucionalistas  que opinan que todo se arregla con solo la aplicación de las leyes (incluyendo la corrupción), no consideran.

La impuntualidad es otro elemento para explicar las diferencias en los niveles de desarrollo de los países. La puntualidad, repito, tiene impacto sobre la producción general, la productividad y la competitividad de empresas y economías, y el apego a ella, o su desprecio, inciden sobre el crecimiento y desarrollo de un país. La puntualidad es capital para la innovación y la eficacia del sector privado y del sector público. Reléveme de los ejemplos, o encuentre los que me desmientan: ¿no son Japón, Alemania, Suecia, Suiza, Finlandia, Noruega, Dinamarca, Inglaterra, Singapur y Estados Unidos, todas sociedades afectas a la puntualidad y al manejo productivo del tiempo, naciones admiradas, desarrolladas y creativas?

Un viejo dicho sánscrito dice: “Las personas que son puntuales en sus deberes, como el Sol, nunca serán pobres”. Piense en esto la próxima vez que decida llegar tarde a algún lugar, armado de cualquier excusa ya demasiado usada para atajar su irrespeto por el tiempo ajeno. 
 

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