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Martes, 11 de Diciembre 2018

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No los vamos a extrañar

Por: Pablo Latapí

No los vamos a extrañar

No los vamos a extrañar


Mi abuelo ya no lo vio, y mire que le hubiera gustado. Y es que se veía tan difícil… tan lejano. Pero ya es un hecho: en cuestión de días lo que queda del otrora poderoso e invencible PRI habrá pasado a la historia.

En el momento en que Enrique Peña Nieto entregue la banda presidencial a Andrés Manuel López Obrador se estaría cerrando (y ahora sí definitivamente) uno de los capítulos políticos más determinantes de la historia moderna de México.

Por supuesto que fue importante: a la par de su historia de fraudes y perpetuación en el poder varios de sus integrantes ayudaron a forjar instituciones para el país que hoy todavía se mantienen y pesan.

Se podrían llenar páginas y páginas con la historia y las razones del porqué perdieron el poder (cuando hubo décadas en que lo tenían totalmente amarrado), pero en  resumen fue su incapacidad de evolucionar acorde a las nuevas necesidades del país, su egoísmo  para compartir el poder (sobre todo económico) y su descaro para hacer del gobernar un pretexto para enriquecerse vía la corrupción.

Los priistas hicieron un poder de élite de lo que era en el origen un poder popular, terminaron como una clase social que se asemejaba más a una Corte que a un organismo político.

Los priistas hicieron un poder de élite de lo que era en el origen un poder popular, terminaron como una clase social que se asemejaba más a una Corte

El último gran priista, Enrique Peña, fue un hombre bien intencionado, que toda su vida se preparó para ser Presidente y lo consiguió, pero a él lo perdió la tibieza de la mayoría de sus decisiones, y la permisividad para que sus colaboradores se convirtieran más en pillos que en servidores públicos.

Adiós al PRI.

¿Qué sigue?

Quién sabe.

Un país con más y más grandes problemas.

Un enigma el cómo se va a mover un Presidente ya viejo, héroe de mil batallas, muy contradictorio, y al frente de un partido que es un ejército de distintos intereses que no se ve cómo ni cuándo se pueda asentar para sacar adelante un proyecto de Nación.

No se ve al futuro Presidente con la suficiente fuerza, energía  y voluntad para poner a todos sus correligionarios en su lugar.

Y para quienes sienten que van a extrañar al PRI la noticia es que no se van del todo.
Muchos de ellos oportunamente se han pintado de morado.

Y fue tan fuerte la presencia del PRI, y tan sólida su manera de formar políticos, que tal parece que ya está en el ADN de los actuales (por supuesto incluidos los morenistas). Les ha tocado ver la opulencia que acompaña a los cargos públicos.

Será muy difícil desterrar eso.

Además, tanto López Obrador como el senador Monreal, y muchos otros más, vienen precisamente del PRI; ahí mamaron sus primeras leches de educación política, y eso es muy difícil cambiarlo.

Tendría que pasar toda una generación sin PRI para que realmente tengamos una nueva clase política.

Pero eso, como mi abuelo que ya no vio marcharse al PRI, difícilmente lo veré yo.
 

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