Miércoles, 08 de Diciembre 2021

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Narco-infantes

Por: Jaime Barrera

Narco-infantes

Narco-infantes

A los estudios e investigaciones de organizaciones no gubernamentales y observadores extranjeros, como el Departamento de Estado y las oficinas antidrogas de Estados Unidos y hasta la Nunciatura apostólica del Vaticano en México, que advierten del cada vez mayor número de regiones dominadas por las mafias en territorio nacional, se sumó este mes el de la asociación civil Reinserta, titulado “Niñas, niños y adolescentes reclutados por la delincuencia organizada”.

En él se da un dato que nos debe alarmar a todos y que es otro síntoma de la penetración que han tenido en la dinámica social las bandas de narcotraficantes que cada día diversifican más sus actividades delincuenciales más allá del cultivo, trasiego y venta de drogas naturales y sintéticas. Su incursión en el robo de hidrocarburos vía asalto a las pipas, ordeñas en ductos, en refinerías y hasta en altamar en plataformas y buques; en el control de las cárceles que les son una fuente inagotable de recursos explotando a los presos; el cobro de piso a micros, pequeños, medianos y grandes empresarios; las extorsiones inmobiliarias y mineras; y su cada vez mayor conexión con las bandas de la delincuencia común les han otorgado un enorme y creciente poder económico, con el que han incrementado su poder corruptor y sobre todo de fuego, para superar así a cualquier policía municipal, e incluso estatal y hasta militar (basta recordar el famoso culiacanazo de octubre del 2019 cuando las milicias del cártel de Sinaloa sometieron a los elementos del Ejército y obligaron al Presidente Andrés Manuel López Obrador a ordenar la liberación de Ovidio Guzmán, hijo de El Chapo, quien había sido detenido ese mismo día).

Pues bien, el dato que ahora revela Reinserta de que los capos y sus organizaciones criminales han reclutado al menos a 30 mil niños mexicanos a los que pagan hasta 35 mil pesos mensuales, que calculan a partir de los más de 20 mil casos de homicidios dolosos y las siete mil desapariciones de menores de edad en los últimos 20 años que estima la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), no es más que la confirmación de que ese enorme poder económico les ha permitido también a los cárteles del narcotráfico adquirir una creciente penetración social, por la impunidad que les permitieron por décadas gobiernos, juzgadores, policías y empresarios corruptos que se coludieron con ellos en vez de combatirlos o denunciarlos. 

De este enorme problema es del que el Presidente debería de hablar desde el púlpito de su rueda prensa mañanera, no sólo cinco días seguidos como lo ha hecho desde el jueves para acá para cuestionar a la UNAM y a sus autoridades, sino de manera permanente. 

¿Hasta cuándo escucharemos los implacables juicios presidenciales contra los líderes de la mafia como lo ha hecho contra los conservadores, neoliberales y fifís, contra directivos del INE, del Tribunal Electoral, del INAI, o contra los clasemedieros aspiracionistas?

Porque si le incomoda que el rector de la UNAM gane mucho, más le debería irritar todas las ganancias ilícitas del narco que ya alcanzaron a la infancia más pobre de este país que tanto dice defender. 

jbarrera4r@gmail.com

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