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Martes, 14 de Agosto 2018

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Nadie va a comprar autos en el futuro

Por: Sergio Oliveira

Nadie va a comprar autos en el futuro

Nadie va a comprar autos en el futuro

En los años 70 y 80, incluso durante una parte de los 90, poseer una línea telefónica era un lujo. Pocos tenían la posibilidad de comunicarse con otros desde la comodidad de su casa. Conseguir una tomaba mucho tiempo, significaba meses y hasta años de espera, o requería privilegios para lograrla. Una vez que se conseguía, había que pagar una pequeña fortuna por ello. De hecho, incluía acciones de la compañía telefónica que algunos aún tienen, muchos sin siquiera darse cuenta. Una línea telefónica costaba lo mismo que un auto compacto. Hablar a otra ciudad era carísimo. A otro país era casi imposible pagarlo. Hoy prácticamente todos tenemos una línea de teléfono en nuestro bolsillo, muchos tienen dos. Podemos hablar a cualquier lugar del planeta prácticamente sin costo y gracias a internet somos capaces de trabajar casi desde cualquier lugar, hasta durante un vuelo internacional. Con los autos debe pasar algo muy parecido.

Hace 30 ó 40 años, los distribuidores de automóviles se enfocaban de manera exclusiva a la venta. En sus agencias, los mayores espacios siempre fueron dedicados al área de ventas o de inventario de autos nuevos. La capacitación del personal siempre se enfocaba a estrategias de mercadotecnia y más que nada, de comercialización. En el fondo, casi escondida, se encontraba la zona “sucia”, donde trabajaban las personas menos educadas y menos capacitadas: el taller. El área de servicio fue vista por la gran mayoría como un mal necesario, un departamento que solo existía por exigencia de los fabricantes, pero sobre el cual no había mucho control.

El servicio será la supervivencia

Pero la era del automóvil tal como la conocemos hoy está llegando a su final. Cada día nos acercamos más a un momento en el que las computadoras se encargarán de manejar los autos, robándonos el placer a algunos y generando mucha mayor seguridad para la gran mayoría. Cuando esa realidad sea presente —y gente como uno de los más reconocidos personajes de la industria estadounidense y global, Bob Lutz, cree que estamos a tan sólo 20 años de distancia de eso— el auto perderá su esencia actual. Desaparecerá su papel como símbolo de estatus y con ello el deseo de tenerlo. Hasta porque ya no será necesario. Sí usaremos autos, que pediremos desde nuestro celular —o tal vez desde un chip implantado en alguna parte de nuestro cuerpo— y que llegará conducido por una computadora.

Los espacios que hoy dedicamos a las cocheras volverán a ser jardines. Los grandes estacionamientos serán parques. Y los autos circularán como los aviones, es decir, sin detenerse hasta que sea necesario darles mantenimiento.

En ese momento los distribuidores de autos, que tanto menospreciaron los talleres de servicio en el pasado, sobrevivirán solo si se han adaptado a esa nueva realidad y el dinero que hoy ganan con ventas vendrá de la antigua zona “sucia” del negocio. Porque nadie va a comprar un auto en el futuro, de la misma manera que nadie compra una línea fija de teléfono hoy en día, simplemente porque no es necesario.

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