Jueves, 02 de Diciembre 2021

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Movilidad; procure no chocar

Por: Diego Petersen

Movilidad; procure no chocar

Movilidad; procure no chocar

¿Importa la policía vial? Hay ejemplos en el mundo de que se puede vivir sin ella, pero son, digamos, los extremos. En uno de ellos están las grandes ciudades de Vietnam, Saigón y Hanoi. Es muy probable que en estas ciudades, como en la nuestra, existan detallados reglamentos de tránsito, pero en la práctica cotidiana las reglas se reducen a dos: 1). Procure no chocar ni atropellar peatones. 2) No hay más reglas. El tránsito funciona, los automóviles se mueven al son de “el que pega paga” y su índice de muertes por accidentes por cada cien mil habitantes es de la mitad que el de Jalisco. El otro extremo es Viena, Austria, donde los policías de tránsito fueron suplidos por figuras de cartón corrugado que indican la orden a seguir: prohibido el paso, no dar vuelta aquí, disminuya su velocidad. En una señalética con forma de policía que todos la atienden y respetan. Es probable que junto con las figuras exista un sistema de videovigilancia y fotomulta.  Lo cierto es que, al igual que en Guadalajara, en esas ciudades tampoco hay policía vial.

Por razones no explicitadas en ninguna política pública, el modelo vial de Guadalajara es sin policía. El cambio a la Secretaría de Seguridad Pública provocó la desaparición de la Policía Vial. No hay suficientes elementos (poco más de 200 por turno para todo el Estado), no se renueva el equipo, nunca se les ve cuando se necesita. Si bien aumenta el número de cámaras de fotoinfracción y la recaudación por esta vía, en las calles de la ciudad cada quien hace lo que quiere, se detiene donde quiere, da vuelta donde quiere. Todo sería perfecto, libertad absoluta, si ello ni fuera en detrimento de todos nosotros.

La velocidad promedio de circulación en Guadalajara está ya por debajo de los 20 kilómetros por hora y en las horas pico llega a diez. ¿Puede mejorar este indicador en una ciudad donde cada día nacen más autos que niños? No es fácil, pero algo fundamental para ello es que coexistamos en el espacio público con cierto orden y que todos sepamos que las reglas importan, que no se reduzca los carriles porque a alguien se le ocurrió estacionarse ahí, que no se hagan largas filas porque alguien quiere dar vuelta donde no se debe, que los semáforos funcionen y estén sincronizados y, cuando no, que alguien se haga cargo del crucero.

A los ciudadanos nos toca cumplir con la reglas de tránsito; a las autoridades les toca hacerlas cumplir. Ojalá que, como en Viena, todos cumpliéramos las indicaciones solo con una señal, pero evidentemente esto no es así. Si la autoridad, por decisión o por incapacidad, ha renunciado a hacer cumplir las reglas, lo que sigue será pasar a la etapa de procure no chocar.

Por razones no explicitadas en ninguna política pública, el modelo vial de Guadalajara es sin policía. El cambio a la Secretaría de Seguridad Pública provocó la desaparición de la Policía Vial. 

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